Juan Carlos Holguín | La muerte de Pineida no puede ser una más
¿Hasta dónde han penetrado las mafias en el fútbol ecuatoriano?
En medio de esta espiral de violencia, olvidamos que el Ecuador tuvo en 2021 un punto de inflexión: el asesinato de nuestra estrella deportiva Alex Quiñónez, en Esmeraldas. Como todo en nuestro país, otros hechos taparon este, del que nunca se hizo una investigación seria. Solo se dijo en su momento, que nuestro campeón había estado en el lugar equivocado y rodeado de las personas equivocadas. Matar a un personaje público tan querido pasaba ciertas líneas.
El pasado 19 de septiembre de 2025 otra noticia causó terror en nuestro deporte: Jonathan ‘Speedy’ Gonzáles, un futbolista del club 22 de Julio de la Serie B del fútbol ecuatoriano, con tan solo 31 años, fue asesinado en Esmeraldas.
Asistiendo diariamente a la difusión de tantos casos de sicariato en los últimos años, la sociedad tiende a normalizar este tipo de hechos. Por eso, la trágica muerte del jugador de Barcelona de Guayaquil, Mario Pineida, en este último diciembre, no puede ser analizada como un hecho delictivo más, entre las decenas de crímenes que se presentan en el Ecuador diariamente.
Los asesinatos de Pineida o Gonzáles tienen causas distintas, pero impacta el que un deportista querido muera de esta manera. En el caso de Pineida, la pareja con la que estaba ese día al parecer mantenía operaciones financieras con grupos irregulares. En el caso de Gonzáles, se ha difundido abiertamente que el hecho está ligado a las apuestas deportivas.
Lo cierto es que estos casos, así como el ataque armado a un equipo de Segunda Categoría en Manabí, el Exapromo Costa FC, en el que resultó asesinado el jugador Maicol Valencia, deben levantar la alarma pública de que esto se ha ido de las manos.
Estos crímenes y atentados no son parte del paisaje normal de nuestro país. Significa que las estructuras criminales se están tomando el fútbol y el deporte en general. Si las autoridades no toman cartas en el asunto, esto solo irá a peor.
El fútbol ecuatoriano vive una crisis sin precedentes. Salvo tres o cuatro clubes que mantienen a sus jugadores y colaboradores al día en sus salarios, el resto no cumplen. Esto implica que los profesionales que viven de esta actividad deban buscarse la vida por otras fuentes.
Por eso los jugadores son atraídos por las estructuras criminales, sea para ser extorsionados con dinero fácil o simplemente como presas de una industria que está matando, literalmente, el fútbol ecuatoriano: las apuestas deportivas.
La Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito publicó en 2025 un informe sobre apuestas ilegales y deporte, asegurando que la industria de las apuestas ha abierto una ventana enorme para el blanqueamiento de capitales de las economías ilegales y la operación de mafias. Más aún en un país dolarizado como el nuestro, donde la crisis económica de esta actividad profesional permite con facilidad la entrada del dinero mal habido.
¿Hasta dónde han penetrado las mafias en el fútbol ecuatoriano? Este es al análisis que las autoridades políticas y de investigación deben hacer. Quizás en este primer paso podamos identificar las falencias que tiene el sistema.
La energía de los dirigentes y políticos debe estar puesta en lograr desterrar el terror del deporte.