Juan Carlos Holguín | La luz que necesitamos de Petro está en Manta
Lo que sucede en Colombia tiene afectación directa en Ecuador
Tras el inicio del nuevo gobierno del estadounidense Donald Trump en 2025, la diplomacia comercial ha sido el instrumento de relacionamiento geopolítico en el mundo.
Las políticas arancelarias han marcado una nueva lógica de poder, construyendo un mundo unipolar donde el más fuerte prevalece.
Asistimos así a un nuevo orden en el que este tipo de acciones son mensajes dentro de un nuevo contexto regional. Por eso la medida contra el gobierno colombiano de Petro tomada por el presidente Noboa la semana pasada hay que entenderla como parte de la coyuntura de inicio del año tras la detención de Maduro.
Aunque se podría pensar que la medida fue algo audaz por la comparación del tamaño y poder comercial de cada país, lo cierto es que la balanza comercial tan beneficiosa para Colombia podría generar presiones internas en el país del norte, que pueden ayudar a la postura ecuatoriana.
Lo que es indudable es que se requería un reclamo firme contra Petro, quien horas antes de la medida arancelaria se había inmiscuido en la justicia ecuatoriana, al reclamar públicamente una liberación de Jorge Glas.
Lo describió además como “preso político”, comparándolo con quienes injustamente ostentan esa condición en Venezuela.
Petro ha sido desde el inicio de su gobierno un operador del Grupo de Puebla en la frontera. Los gobiernos de Lasso y Noboa han intentado manejar con diplomacia la situación, pero ante una declaración como la realizada, era necesaria una acción fuerte.
Para tomar la decisión que se sabía traería reacciones, el presidente Noboa seguramente estuvo informado de la poca afectación que tendría el parar la provisión energética desde Colombia.
También debe haber intuido la postura que tendrán los empresarios colombianos privados que venden esa energía al Ecuador a precios muy altos.
Además debe haber obtenido una posible cooperación de Estados Unidos en la frontera, pues estamos a días de la visita de Petro a Washington, luego de que Trump hiciera público que el presidente colombiano ha sido permisivo con las estructuras narcoterroristas.
Hace unos meses una carta del excanciller de Petro, Álvaro Leyva, aseguraba que el presidente colombiano tiene un problema de adicción con todos los efectos que aquello conlleva.
Más allá de tratarse de un problema de índole personal, el efecto que esto tiene al tratarse de un jefe de Estado es de carácter público.
Lo que sucede en Colombia tiene afectación directa en Ecuador. Los expresidentes colombianos Uribe y Duque, que han estado activos en medios en los últimos días, se han referido a la estancia del presidente Petro en Manta el año pasado. Se trata de un hecho misterioso, pero que explica, en mi opinión, la sorpresiva postura de Petro de lanzar una bandera blanca casi inmediata para negociar con Ecuador a través de la Comunidad Andina.
La región muestra una metástasis en la operación de estructuras criminales. Con un presidente de un país vecino que considera al whisky peor que la cocaína, la clave es preguntarnos: ¿por qué (y con quién) se quedó Petro disfrutando del sol de Manta? Ahí está la luz que necesitamos.