Columnas

La transición

Fue un gobierno de transición. Pasamos de un poder Ejecutivo autoritario, que controlaba las demás funciones del Estado, a un gobierno mesurado. Sorprendió la reforma favorable de una Ley de Comunicación leonina que eliminaba el derecho a la libertad de opinión a quien se consideraba opositor. Para Lenín hubiera sido fácil mantener el poder absoluto, pero optó por desmontar esa estructura en favor de la libertad y en el camino se bajó dos vicepresidentes que representaban el pasado y el innombrable fue procesado. Su transición con los miembros de su círculo fue difícil.

Impulsó la firma de importantes acuerdos comerciales como el EFTA, la Alianza del Pacífico y con Estados Unidos de América, fundamentales para que Ecuador venda más al mundo y acceda a mayor oferta de productos. El primero fue suscrito y aprobado por la Asamblea Nacional. Los otros están encaminados. Simultáneamente, se alejó diplomáticamente de la ALBA y Unasur, que nos llevaban al comercio con la nada.

Quedó pendiente priorizar la gestión de un plan de vacunación efectivo y el incremento de camas para el tratamiento de COVID. Evitar las restricciones sin sentido a nuestras libertades que están liquidando a los negocios y, por ende, al empleo. También faltó reducir la presión tributaria para que tengamos mayor poder adquisitivo y competitividad; y reducir el exceso de trámites para que las personas puedan acceder a la formalidad. Sin embargo, mostró el camino hacia la flexibilidad laboral con el contrato emergente.

Vemos con esperanzas a un nuevo gobierno que tendrá la misión de reactivar la economía después de una transición democrática civilizada. Un gobierno del que la ciudadanía espera soluciones mágicas inmediatas en los temas de la vacunación y desempleo. Algo que no exigieron a Lenín. Los mercados internacionales también están a la espera de las primeras gestiones del presidente electo. De eso dependen las tasas de financiamiento en el exterior. A partir del 24 de mayo habrá que lograr victorias rápidas: impulso económico con equidad social. Un acto de equilibrismo digno de apoyo.