Columnas

Paz

El voto por Lasso fue un mensaje de cansancio ante la confrontación innecesaria. Un clamor de unión y cambio.

Esta semana amanecemos en paz. Con el optimismo de que Ecuador eligió a un presidente capaz, que conoce la importancia de trabajar en equipo. Una persona que está a favor de la empresa, de la inversión, del emprendimiento y del empleo.

El voto por Lasso fue un mensaje de cansancio ante la confrontación innecesaria. Un clamor de unión y cambio. De esperanza de que lo bueno es posible en libertad. Una sociedad inclusiva, sin discriminaciones. Con derechos, pero también con obligaciones.

Un país en el que las sugerencias de los jóvenes sean consideradas para la formulación de políticas que plasmarán su porvenir. En el que las necesidades de las mujeres abusadas, madres solteras, Lgbtiq tengan espacio legítimo, porque son parte de un todo que hay que proteger.

De respeto a la propiedad privada. De aquellos que se esfuerzan diariamente por tener algo para sus familias. De los que crean y protegen el trabajo de sus empleados, aun en pandemia. De los que arriesgan su capital en el Ecuador para que el país crezca, porque son parte de la solución.

De los ambientalistas, que nos muestran el camino hacia un crecimiento económico sostenible. Del servidor público eficaz. Del desempleado, enfermo, migrante, adulto mayor, persona con discapacidad y de los que tienen hambre; que buscan una solución viable del Gobierno a esos desafíos.

Estamos contentos de tener un presidente electo confiable y que el mundo lo reconozca. Su mero triunfo permitió que el riesgo país caiga, que los bonos soberanos se aprecien; aseguremos el financiamiento de los multilaterales y capitales extranjeros a bajo costo para prosperar, mientras el capital se mantuvo en Ecuador.

Pero lo más importante: el país está en paz.

Bien por los ecuatorianos. Bien por nuestro futuro.

Adelante señor presidente electo. Estamos listos.