Columnas

¡Hasta siempre compañeros!

'La pena es enorme, pero el recuerdo de esos sueños compartidos es inolvidable'.

Es un momento en que la vida se nos ha puesto dura. No podemos abrazar a las personas que queremos, no vamos al café tempranero en el que al comentario rebuscado y picaresco le añadíamos la convicción del afecto compartido que dan los años. Hemos dejado de saborear el profundo cariño compartido con los hijos, los nietos y los parientes cercanos.

Pero además, y esta es una de las pruebas más duras con que nos castiga el evento arrasador que nos mantiene alejados y distantes de todo: empezamos a sentir el dolor de la ausencia de quienes se nos adelantan, de quienes nos dejan, de quienes pasan de su presencia cotidiana al lugar sufrido del recuerdo. De ellos, en estos días, partieron dos amigos entrañables, compañeros de ilusiones, cómplices de añoradas aventuras y testigos participantes de objetivos que pasaron a ser esperanzas ilusorias: Samuel Pazmiño y Solón Villavicencio.

Juntos vivimos el duro reto de nuestro compromiso juvenil de democratizar la enseñanza universitaria y sentimos el pesar por la masacre del 29 de mayo de 1969. Compartimos la energía de entregar todo para conseguirlo, la alegría de saber que entre la Vieja Casona de la calle Chile y la ciudadela de nuestros amores nos esperaba la oportunidad para asumirnos estrategas de una cruzada que ubicaba a nuestros opositores como descontrolados seres que no vacilaban en descargar su violencia contra quienes, para ellos, éramos los causantes del incierto futuro de conclusión de los privilegios que defendían.

Nuestra actitud, divorciada del miedo, desencadenaba la adhesión de una núcleo de jóvenes que veían en el cometido la reproducción de los ejemplos del Mayo francés de 1968, del cumplimiento de los mandatos militantes del filósofo Sartre y de la entrega incondicional de ese fenómeno de la insurrección, tierna y contundente, en las calles de Nanterre y París, Daniel Cohn Bendit (“Dani el Rojo”).

La pena es enorme, pero el recuerdo de esos sueños compartidos es inolvidable. Un abrazo desde la distancia que se acorta, amigos inolvidables.