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José Molina | No todos debemos ir a la universidad

Muchos jóvenes no están listos para tomar decisiones sobre su futuro académico y profesional

No todos debemos ir a la Universidad, y tampoco tenemos talento para todo.

Con frecuencia, y basados en el inmenso amor que hay de padres a hijos escuchamos frases como: hijo, lo que te propongas podrás hacer en la vida, serás bueno para todo. Nada más falso que ello.

Desde el Evangelio, por ejemplo, vemos la parábola de los talentos, que simboliza que a cada persona se nos ha dado un don, un talento, algo para lo que somos buenos, pero no lo somos para todo. La presión social y familiar para que los jóvenes asistan a la universidad es cada vez más fuerte. Sin embargo, no todos debemos seguir este camino. La realidad es que la universidad no es la única opción para alcanzar el éxito y la realización personal. Muchos jóvenes no están listos para tomar decisiones sobre su futuro académico y profesional. La universidad puede ser un proceso costoso y emocionalmente exigente, especialmente si no se tiene claridad sobre los objetivos, y en muchos casos al terminar la carrera, ni siquiera consiguen trabajo.

Al día de hoy vemos una invasiva escalada de grados, posgrados y doctorados, pero cuántos de ellos realmente aportan en la formación profesional, tienen un real contenido académico o solamente satisfacen a un despiadado mercantilismo educativo que busca llenar las exigencias de los requerimientos al momento de contratación: máximo 30 años de edad, título de pregrado, posgrado, y diez años de experiencia. Las matemáticas no cuadran, ¿ cierto?.

Desde el Estado y en la familia debe impulsarse que existen muchas alternativas a la universidad que pueden ser igualmente valiosas. Algunas opciones incluyen educación técnica, programas más cortos y enfocados en áreas específicas como tecnología.

El éxito no se define por un título universitario, este se construye día a día, con esfuerzo, constancia y la capacidad de reinventarse. No tener un título universitario no significa que no se pueda alcanzar la realización personal y profesional.

Es importante elegir el camino que mejor se adapte a las necesidades y objetivos individuales, controlando, al tiempo, el exceso desmedido de ofertas universitarias y posgrados, numerosos en cantidad y muy pobres en calidad; ¡preocuparse más por que la sociedad cree más señores, que tantos doctores!