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José Molina | Hartos del descaro y del circo

Artículos robados que se exhiben en estanterías para ser vendidos como si de la licitud más transparente se tratara

Todos los quiteños –y también varios que no lo son necesariamente– sabemos de la existencia de un lugar solapadamente titulado ‘centro comercial’, donde la cachinería es la regla general y es también el eslogan para promocionarse. Valga decir que estos lugares existen en otras ciudades, y está por demás que deben desaparecer; incluso en muchas ocasiones la Policía Nacional ha realizado operativos en ellos. Conozco testimonios de personas muy cercanas que, luego de escaparse de la muerte en un asalto, narran cómo sus artículos -sobre todo tecnológicos- robados, de forma mágica, casual y repetida, terminan ahí. Artículos robados que se exhiben en estanterías para ser vendidos como si de la licitud más transparente se tratara.

Y por si eso no fuera poco, a nuestras ‘autoridades’ se les infla el pecho al decir que allí “han comprado sus teléfonos” y que “85 dólares le costó”, para luego rematar, sin empacho alguno, exclamando que “hasta factura le han ofrecido” y que, al decir su nombre, le dijeron “mucho gusto, concejal”. Al respecto, dos cosas: la primera, debería estar usted trabajando por Quito; y, la segunda, que al anterior dueño de ese teléfono, comprarlo le supuso un presupuesto racionalmente más cuantioso.

Pero esto no termina ahí, pues el concejal no se contentó con eso en el desarrollo del sainete: acto seguido y a viva voz, se enorgulleció al decir que si él fuera comerciante y se enteraría que al ‘centro comercial’ se le dice cachinería, “les daría bala”. A esa clase política desde ya algún tiempo hemos llegado, y quién sabe si también más bajo aún. Quizá debería enterarse que instigar públicamente a cometer un delito: “dar bala”, se sanciona con seis meses a dos años de cárcel en nuestro país, que tan generoso es, que un vaso de agua y plataforma política no le niega a nadie.

Mocionar y promover políticas a favor de la ciudad está bien, pero el fastidio me gana cuando escucho que los problemas de Quito les importan menos que lo que a nosotros el sitio donde ciertos miembros de la ciudad han comprado su teléfono o se incita a “dar bala”; eso no lo podemos aceptar y se debe corregir, más aún cuando se representa a una ciudad.