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José Molina Gallegos | Entre querer y deber migrar

Que migremos porque queramos, no porque estamos obligados a ello

El derecho a la libertad ambulatoria es inherente a todos; el hecho de decidir dónde vivir, pero sobre todo el porqué vivir en un lugar determinado es parte de la esencia humana.

Es evidente que los Estados, por ser soberanos, pueden y deben controlar la migración: quién ingresa, por qué ingresa; y, sobre todo, para qué ingresa a un país. Eso no lo podemos desconocer ni negar.

Pero qué diferencia existe cuando una persona, por un lado, quiere migrar y radicarse en otro país, evidentemente cumplir las reglas y políticas internas; y otra, muy distinta, cuando no le queda otra alternativa y debe empezar de cero en otro lugar, lejos de casa, con nuevas costumbres, tradiciones y hasta comida diferente. 

El caso de Liam, el niño ecuatoriano que junto a su padre fue detenido, desnuda la triste realidad que enfrentan muchas personas que, empujadas por la violencia, la pobreza y el miedo, buscan una oportunidad básica: sobrevivir y ofrecer un futuro digno a sus hijos. Es esto lo que las autoridades deben mirar, analizar y detener, y esto se da en todo sector de nuestra sociedad. 

Escuchaba días atrás a padres de hijos que van a estudiar en el extranjero su carrera universitaria, augurando que encuentren un buen trabajo y que no vuelvan. Qué feo fue escucharlo. En nuestro país necesitamos gente joven, preparada y comprometida, pero obvio, al Estado le corresponde dar un mínimo de garantías y seguridades que, día tras día se diluyen más.

Lo que debería ser un gesto elemental de humanidad se transforma, a menudo, en un proceso deshumanizante pues la estigmatización segrega, provocando incluso, en el peor de los escenarios, separación y deportación.

Pero el caso de Liam también revela posibilidades. La solidaridad ciudadana, un poco de sentido de empatía y humanidad y, claro está, garantizar representación legal desde el primer contacto, que en el presente caso según se ha leído fue rechazado por la familia de nuestro compatriota. Pero este caso debe llevar a la reflexión de las autoridades para analizar las causas estructurales de la migración.

Que migremos porque queramos, no porque estamos obligados a ello.