Presidente, cambie de velocidad

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Presidente, cambie de velocidad

'El hecho cierto es que hay muchos frentes que deben ser atendidos por el gobierno y que necesitan equipos de personas con conocimiento, experiencia y capacidad de convocatoria’.

El presidente no es un político de reacciones rápidas: esa peculiaridad es una traba en momentos de urgencia máxima, como los que vive el país. Además de que merma la capacidad de reacción del gobierno y del país en general.

Lenín Moreno no ha respondido a los llamados y ofrecimientos de apoyo que ha recibido, entre otros, de economistas, de Guillermo Lasso como líder de CREO; del colectivo Cauce Democrático presidido por el expresidente Osvaldo Hurtado; del exvicepresidente León Roldós Aguilera… Parece obvio creer que el presidente está ocupado, muy ocupado, en la crisis del coronavirus. Pero si se piensa que esas ofertas se hacen para combatir mejor esta crisis, se puede colegir que el Ejecutivo se está privando de serios apoyos que harían más expedita y efectiva su tarea.

La primera comprobación es que el presidente y su gobierno no cambian de velocidad en un momento en que precisamente esa es una necesidad. La segunda es que mantienen una gestión totalmente monopólica cuando las circunstancias imponen que el presidente la comparta, manteniendo, como es obvio e institucional, su liderazgo. La tercera es que el presidente conserva los mismos mecanismos de gobierno que ha empleado, cuando el coronavirus y la crisis económica exigen respuestas versátiles y multiformes.

Analizado desde el pragmatismo más chato -o más exquisito- el problema se reduce a dos realidades. Primera: esta pandemia y la estela que causa de víctimas y pobreza supera la capacidad del gobierno. Segunda: necesita ayuda. Muchos la están ofreciendo y el presidente y su gobierno siguen barajando cartas, en vez de pasar al acto.

Nadie puede acusar al gobierno de no estar encarando la situación. De eso no se trata. Se trata de que la situación es tan atípica, es tan global, tan sistémica por las consecuencias que genera, que exige que el gobierno se reinvente. Que actúe rápidamente. Que lo haga en muchos frentes y que administre, al tiempo, las urgencias sanitaria y económica y que prevea, como dice León Roldós, el día después; cuando el país tenga que volver, en forma definitiva o intermitente, a la normalidad.

Diego Ordóñez habló en 4P de tener dos gabinetes: el de la crisis y el estratégico. El hecho cierto es que hay muchos frentes que deben ser atendidos por el gobierno y que necesitan equipos de personas con conocimiento, experiencia y capacidad de convocatoria. La crisis sanitaria viene en primer lugar. Se requieren operadores que, con el Ministerio de Salud, encuentren e importen medicamentos, equipos (respiradores en prioridad), material para proteger al personal de la salud y también sitios para enfermos, lugares para cremar cadáveres… Urge sistematizar todas las iniciativas privadas que han surgido para que, en compañía del Ministerio de Finanzas, financien todos esos esfuerzos. Ocurre lo mismo en el campo de atención a los más pobres. Un problema es encontrar el dinero para financiar esos costos (Lasso habla de unos 200 millones mensuales); otro problema es construir las redes de abastecimiento y distribución.

¿Qué ocurrirá con las empresas? ¿Cómo evitar los despidos sin matar la iniciativa privada? ¿Cómo renegociar la deuda externa? ¿Cómo salir de todo esto ordenadamente y limitando al máximo los daños? En realidad, el presidente necesita algunos grupos especializados y diversos en su composición que trabajen, cada uno por su lado, con la misma premura y al mismo tiempo. Ya los tendría que haber instalado. Y ya tendría que haber respondido a aquellos que con buena voluntad han propuesto su concurso. ¿Qué espera? No se sabe.