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¿Por qué Lasso se declaró ausente?

En ese contexto apareció la negociación para designar autoridades en la Asamblea y lograr, eventualmente, una agenda legislativa mínima. Todo volvió a ser confuso y opaco. Lasso desapareció’.

Hace un mes, el país estaba desesperanzado, polarizado, harto, descreído y bloqueado. No se necesitaban muchos estudios de mercadeo político para saber lo que había que hacer. Y el entonces candidato Guillermo Lasso sabía que tenía que encarnar esperanza, unidad y futuro. “Encontrémonos” fue su respuesta. Y ese lema y esa convocatoria se materializaron, durante la segunda vuelta, en una mesa con flechas multicolores donde el candidato en vez de hablar, escuchaba. E invitaba a reunirse entre diversos. Esa mesa, esas flechas, esos colores, generaron la expectativa de que Lasso metía en la política nuevos símbolos, otros contenidos.

Un mes después, sin que el presidente electo haya asumido el cargo, los problemas fundamentales permanecen intactos. Pero el estado de ánimo cambió gracias a su actitud: su visión incluyente. El lugar que escogió para designar a los ministros del área social; mujeres en su mayoría. El abrazo a un activista gay. Su posición ante la decisión de la Corte Constitucional de declarar inconstitucionales dos artículos que penalizan el aborto por violación. Actitudes y gestos como esos, lo convirtieron en el articulador de un momento democrático y en la promesa de que la política puede ser el espacio de cosas dichas y hechas con y ante la gente.

En ese contexto apareció la negociación para designar autoridades en la Asamblea y lograr, eventualmente, una agenda legislativa mínima. Todo volvió a ser confuso y opaco. Lasso desapareció. No lidera ese acuerdo. Nadie sabe quién negocia y qué negocia en su nombre. En medio de ese silencio inquietante, apareció Francisco Jiménez, asambleísta de CREO, con un mensaje disparatado: evaluar la revisión de sentencias de correístas a cambio, se entendió, de apoyo político. Aquello generó una barahúnda colosal.

Lo sucedió Guadalupe Llori. La exprefecta de Orellana, ahora asambleísta, también dijo que Pachakutik, y su aliado, la Izquierda Democrática, estaban a punto de concluir un acuerdo con el correísmo. Así, aquellos que hasta hace un mes provocaban desesperanza, polarización, hartazgo; que golpearon y encarcelaron a Salvador Quishpe y a Guadalupe Llori; que hicieron de la esfera pública un chiquero y de la política un acto de cinismo por excelencia, se convirtieron en el eje de la política nacional.

¿Qué tiene que ver esta partitura con aquella que exhibió el presidente electo tras su elección? ¿Alguien le habrá dicho que la comparación entre las dos partituras no afecta a su operador y futuro ministro de gobierno, César Monge, tampoco a sus aliados pero sí a él? Porque la pregunta que aflora es esta: ¿el acuerdo que se cocina, en el cual aparecerán correístas sumando votos para elegir a un socialcristiano a la cabeza de la Asamblea, era el acuerdo del que hablaba el presidente electo? Ese escenario, si cuaja, dejará un mensaje desconcertante: es más fácil para el gobierno del encuentro entenderse con aquellos que perseguían y encarcelaban que con sus víctimas.

Por supuesto, entenderse en política es un ejercicio a prueba de nervios. De eso se trata el lema y la convocatoria del candidato Lasso en la segunda vuelta. “Encontrémonos” era la tarea. Y no se entiende por qué él se declaró ausente justo ahora, cuando está en juego no solamente la elección de las autoridades de la Asamblea sino la gobernabilidad, que es mucho más que controlar la agenda legislativa. La gobernabilidad no se logra coincidiendo con la cúpula que, durante años, desconoció la democracia y, desde que perdió el poder, no desperdicia oportunidad para complotar. De hecho, sus troles lo están haciendo contra Lasso.