Columnas

Cynthia Viteri es lo máximo

'¿Criticar esta deriva significa defender la ineficiencia, el centralismo o el Estado obeso? No.'

¿Cómo no haberlo pensado antes? La crisis fiscal podría encontrar una inminente solución si autoridades seccionales y ciudadanos imitaran lo que acaba de hacer Cynthia Viteri alcaldesa de Guayaquil: interponer una acción de protección y así lograr que Richard Martínez, ministro de Finanzas y hombre duro de oreja, pague en horas lo que ha pospuesto en años. 

Esta vez, la buena noticia no solo concierne a Guayaquil: la resolución del juez arropa a todos los municipios y juntas parroquiales. De gana la Asociación de Municipalidades Ecuatorianas (AME) hizo un acuerdo el 12 de noviembre pasado con Martínez para escalonar la devolución del IVA. Primero los municipios pequeños y medianos. Para los grandes estaban previstas reuniones por separado. 

Cynthia Viteri encontró la fórmula expedita: ir donde un juez que, experto en triquiñuelas ministeriales para no pagar sus deudas, dio 72 horas para devolver $104 millones a Guayaquil. Nada impide que, por esa vía, el ministro deba devolver, en horas, los otros $185,3 millones que debe por concepto de IVA.

Nada mejor que un juez para salir del apuro fiscal: así se podría poner el fisco al día con maestros, jubilados, bienes y servicios, no pago por parte de Rafael Correa del 40 % de las pensiones con el IESS, obligaciones por gastos de inversión … Quizá, incluso, hasta los Cetes y por qué no hasta la deuda externa. 

Cynthia Viteri, al celebrar este gran triunfo, dijo que la decisión del juez es “un duro golpe al centralismo”. Así, en horas, la alcaldesa de Guayaquil dio a sus administrados un curso acelerado de política fiscal: si el Gobierno no ha devuelto el IVA es porque no quería, porque no había quién lo obligara y por centralista. No por falta de plata. No por el derroche de Correa. 

Ni por la deuda externa monumental que contrajo. No por los subsidios, tan millonarios como irracionales a los combustibles, que el PSC se niega a eliminar. No por ese Estado obeso que es imperativo reducir, pero cuyos costos -financiero y político- tampoco el partido está decidido a encarar. Y si no, que haga el favor de decir al país, con cifras y nombres de instituciones, dónde recortar y el número de burócratas que deben ser liquidados.

Cynthia Viteri representa al partido que un día, por cuenta de Jaime Nebot, decidió que el municipalismo sería la vía para volver a la Presidencia. Tener un gran municipio, así fuese en detrimento de un Estado que, hasta la llegada de Correa a Carondelet, era un ente moribundo. A Guayaquil seguramente le fue bien, enhorabuena por la ciudad, pero aquello incidió en la visión política que impuso el socialcristianismo: Guayaquil primero, Guayaquil después. Pensar el destino nacional no fue, durante lustros, una prioridad para el socialcristianismo. Una contradicción flagrante refrenda esta situación: mientras Jaime Nebot, ahora desprendido de la Alcaldía, brega por volver a la palestra nacional, muchas voces en Guayaquil claman por la autonomía.

Cynthia Viteri expresa esa visión. Su salida no buscasolamente tapar el escándalo por tener funcionarios suyos y de Nebot en el mismo cargo y pagar por ello $ 6 millones más. Delata esta visión aislacionista en la cual el PSC pretende que Guayaquil no viva al unísono con el país. ¿Criticar esta deriva significa defender la ineficiencia, el centralismo o el Estado obeso? No. Viteri debería decir a los guayaquileños la verdad y hacerse cargo, como su alcaldesa, de las consecuencias de los malos gobiernos. Porque Guayaquil también votó por Correa y él es parte del problema por el cual no recibe a tiempo lo que le corresponde.