Columnas

Solo un héroe popular lleva grillete

"La leyenda de Robin Hood está ampliamente superada. Esos héroes contemporáneos ya no se ocultan en los bosques para defender a los pobres. Se hacen elegir. Y poseen cualidades excepcionales: desconocer los límites entre lo legal y lo ilegal"

hernandez
Ahora lucen su grillete como si se tratara de una pieza tecnológica de última generación, para descrestar a los parroquianos.Adrián Peñaherrera

Una presea, dijo Jorge Yunda, alcalde de Quito. Una condecoración, dijo Abdalá Bucaram. No cabe duda de que los tiempos cambian: ahora los inculpados en casos de corrupción se gradúan y se galardonan entre ellos. O en sus círculos. Los mafiosos también lo hacen: a veces incluso portan tatuajes de las familias a las que pertenecen.

Si se habla de un ejercicio de libertad, tienen por supuesto derecho a decir lo que les plazca. Faltaba más. Incluso la prefecta de Pichincha, Paola Pabón (incluyó a Virgilio Hernández, exasambleísta de Alianza País) hablando del grillete electrónico que llevan en sus tobillos -porque es de eso que se sienten orgullosos- cambió su nombre pensando que así cambia el significado: dijo que eran “grilletes de la dignidad”.

Los grilletes son sistemas de rastreo que la Justicia coloca a acusados de algún delito para que no huyan mientras arma su proceso. No se habla, entonces, de ciudadanos ejemplares sino de presuntos delincuentes investigados. Eso es grave porque para Pichincha y Quito, por ejemplo, sus autoridades llevan grillete electrónico. ¿Han pedido Paola Pabón o Jorge Yunda licencia mientras se defienden? No. Ni siquiera lo han considerado. La sola pregunta les sorprende. Les indigna. Les ofende. Ahora lucen su grillete como si se tratara de una pieza tecnológica de última generación, para descrestar a los parroquianos.

Su uso y su significado lo han banalizado socialmente. Así como las causas por las cuales portan ese dispositivo. En síntesis, ellos que son usuarios del grillete electrónico no son presuntos delincuentes. Son perseguidos políticos. Víctimas de la Justicia. Y el alcalde de Quito suma un nuevo atributo: mártires.

La leyenda de Robin Hood está ampliamente superada. Esos héroes contemporáneos -los hay en Guayas, Manabí, Pichincha…- ya no se ocultan en los bosques para defender a los pobres. Se hacen elegir. Y poseen cualidades excepcionales: desconocer los límites entre lo legal y lo ilegal. Ignorar la diferencia entre delincuente y persona decente. Confundir un instrumento técnico del sistema judicial con una medalla. Asumir el rol de perseguido político. Tener vocación de mártir. Es indudable que en este tema hay un aporte de la clase política -en particular aquella ligada al correísmo- a la historia de los héroes populares. Cada región tiene los suyos. Y su perfil cada día se dilata con nuevas proezas. Las de Abdalá Bucaram son conocidas. La novedad la genera el alcalde de Quito. Sin él, lo ha dicho, hubiera habido decenas de miles de muertos por la pandemia. Y así como actuó con las pruebas está decidido a hacerlo con las vacunas.

Su historia no dirá -porque no recoge el trabajo sucio de la prensa- que las cien mil pruebas que importó eran LAMP y no PCR, y que se pagaron como si fueran PCR. Que resultaron tan chimbas que tuvo que pedir al proveedor que las cambiara. Que no liquidó el contrato en forma unilateral, como era su deber, sino de mutuo acuerdo. Que no recuperó 4 millones de dólares como estaba obligado a hacerlo. Que firmó, con el mismo proveedor, otro contrato a dedo. Que desconoció el informe de la Universidad UDLA que mostraba que las pruebas que compró eran de muy baja sensibilidad y no aptas para lo que las compró. Que metió a colaboradoras suyas, con títulos académicos, a ocultar la verdad a los quiteños. En fin, que es por todo eso y posible peculado que tiene grillete electrónico.

Ahora, para ratificar tantas hazañas, salió con que va a importar, legal o ilegalmente, vacunas… Yunda tiene el problema de los héroes de su estirpe: ser incomprendido.