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Jorge Luis Jalil | Camisetazos

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Las razones por las que un asambleísta pierda su curul deben ser las que ya están determinadas en la ley

Hace tiempo en Ecuador se baraja la posibilidad de que se aprueben reformas normativas que implicarían que un asambleísta elegido por un partido político perdería su curul en caso de que se aparte de la bancada del partido por el que fue elegido o vote diferente a ellos constantemente. No satanicemos esta propuesta, más bien expongámosla de alguna forma en que al menos suene congruente con lo que pretende lograr. Me explico: en las elecciones ecuatorianas, y esto es algo que no critico por primera vez, el caudillismo y la fama de los candidatos, sobre todo a la Asamblea, han sido aspectos que han ayudado a organizaciones políticas a mantener espacios de poder a lo largo del tiempo, no una estructura fuerte de partidos ni un conocimiento a fondo de las propuestas de uno u otro candidato.

En esta misma línea en la que se castigará con su curul a los legisladores que no se apeguen a las directrices partidistas, propongan entonces que en la papeleta dejen de mostrarse los nombres y las fotos de los candidatos ya que quienes proponen esto quieren dejarnos claro que la curul se la ganaron los partidos, no los candidatos.

Siendo sincero, no estoy de acuerdo con que un asambleísta por quien se votó con nombre y apellido pierda su curul por no coincidir con las acciones del partido que lo ‘patrocinó’.

Otra cosa que hemos aprendido en este país es que las posturas y, lamentablemente, hasta los principios de los partidos tienden a cambiar con el tiempo. Así como un doctor tiene derecho a oponerse a realizar un procedimiento médico, un asambleísta debería tener derecho a la objeción de conciencia. Veamos bien de dónde viene esto, de grupos de poder acostumbrados a que en sus filas no haya ni siquiera debate y se aferren al caudillismo y al pensamiento grupal en vez del crítico.

Las razones por las que un asambleísta pierda su curul deben ser las que ya están determinadas en la ley, con procesos sancionatorios claros y transparentes, no sujetos a la voluntad del buró político de nuestras organizaciones. Además, si pasara esta reforma, liberaríamos a los partidos de su responsabilidad de ser más que cuidadosos a la hora de elegir quién los representará en la papeleta.