Jorge Luis Jalil | El cortoplacismo
El desafío está en usar el corto plazo para ganar tiempo, no para perder rumbo
Ecuador se ha acostumbrado a vivir en modo urgencia. No por falta de ideas sino por un exceso de problemas acumulados. Gobernar así no es una preferencia sino, muchas veces, una imposición de la realidad. Cuando los incendios no dejan de aparecer, la planeación estratégica parece un lujo.
Las decisiones se toman bajo presión: la caja fiscal, la seguridad, la estabilidad social. El corto plazo manda porque la coyuntura no da tregua. Administrar el día a día se vuelve inevitable cuando el margen es estrecho y el riesgo es alto.
En lo económico, por ejemplo, el foco suele estar en sostener el equilibrio inmediato. Mantener funcionando al Estado, evitar rupturas, contener impactos, pagar sueldos. No es irresponsabilidad sino mera supervivencia. El problema aparece cuando esa lógica se vuelve permanente y el horizonte se achica demasiado.
Algo similar ocurre en seguridad. La reacción rápida es necesaria cuando la amenaza es real y constante. Controles, operativos, presencia. Son respuestas entendibles en un contexto complejo. Pero si no se transforman en estrategia, terminan siendo solo contención.
También como sociedad nos hemos adaptado a este ritmo. Pensamos en el presente porque el futuro se siente incierto. Ahorramos poco, planificamos menos y normalizamos la improvisación como mecanismo de defensa.
Nada de esto es exclusivo de un gobierno ni de un momento específico. Es el resultado de años de postergar decisiones estructurales. Por eso, exigir visión de largo plazo en medio de la tormenta es fácil desde la tribuna, pero difícil desde la gestión.
Dicho esto, que sea comprensible no significa que deba ser permanente. El desafío está en usar el corto plazo para ganar tiempo, no para perder rumbo. En convertir la urgencia en un estado y no en el final.
Necesitamos mirar más allá del próximo problema. No para negar la realidad, sino para no quedar atrapados en ella. Porque administrar el presente es necesario, pero construir futuro sigue siendo imprescindible.