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¿Otro Unamuno?

Hay mucha discusión sobre lo sucedido ese día y las palabras exactas que se pronunciaron.

El don Miguel de Unamuno y Jugo que aparece en la película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra, probablemente sorprenderá a muchos de sus lectores y admiradores. 

Más allá de la producción literaria del filósofo español, radicado en Salamanca, de sus ensayos y de sus poemas, Unamuno es reconocido por su defensa de la “inteligencia” o la razón en un momento crucial de la historia española del siglo XX: el comienzo de la Guerra Civil (1936-1939).

En el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, el entonces rector de esa institución se enfrentó el 12 de octubre de 1936, Día de la Raza, al general don José Millán-Astray y Terreros, uno de líderes intelectuales de los militares alzados, fundador de la Legión y de la Radio Nacional de España, al criticar el espíritu de “cruzada”, que empezaba a legitimar el Alzamiento Nacional iniciado pocos meses atrás, el 18 de julio de 1936. Salamanca fue una de las ciudades donde venció el Alzamiento. El relato de lo sucedido se ha vuelto mítico por el conflicto invocado entre la razón y la muerte.

Después de escuchar los discursos de los intelectuales que exaltaban al Alzamiento, Unamuno habría negado que los que estuvieran en contra de los militares fueran la “Anti-España” y que la violencia para acabar con los “rojos” republicanos se justificase en la violencia que ellos primero habían desatado. La razón tenía que primar a lo que Millan-Astray habría replicado “Abajo la inteligencia, viva la muerte”. Todos los presentes aplaudieron al general y gritaron contra Unamuno, que tuvo que salir del Paraninfo escoltado por doña Carmen Moya, esposa del general Francisco Franco. Al día siguiente se le destituiría como rector y en diciembre moriría.

Hay mucha discusión sobre lo sucedido ese día y las palabras exactas que se pronunciaron. El Unamuno de Amenábar no es el heroico rector que defiende impávido los fueros de la inteligencia en medio de una multitud que vocifera contra ella, sino el filósofo confundido que descubre en el brutal enfrentamiento, la ilusión de una razón invulnerable a la guerra.