Repensar la universidad (I)

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Repensar la universidad (I)

¿De dónde vienen quienes acuden a las universidades? De la sociedad civil, que es todo menos un conjunto homogéneo de valores y emociones’.

La aprobación del Reglamento General de la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES) por el gobierno del presidente Guillermo Lasso significa en términos generales el reconocimiento de la autonomía y diversidad de las instituciones del sistema (universidades, institutos y conservatorios) y el dejar atrás, ojalá que sea para siempre, un modelo autoritario, congelado en minucias, impositivo, persecutor, incapaz de asumir las diferencias y por lo tanto su riqueza. Esta autonomía es indispensable para que las universidades y las demás instituciones que componen el sistema se repiensen para afrontar lo que Ronald Barnett denominaba, hace ya más de veinte años, la “era de la supercomplejidad”: “el conocimiento únicamente empieza a ser valorado en la medida en que ‘performs’ en el mundo, es decir realiza, produce un rendimiento)”.

El rendimiento para las instituciones de educación superior significa que las personas que ingresan a las mismas en demanda de un título se gradúen efectivamente y logren encontrar, no solamente un trabajo sino su realización como personas. Eso implica que dichas instituciones asuman su responsabilidad que implica necesariamente sintonizar con los demás actores que realizan este objetivo: la empresa por una parte y, por supuesto, los sitios de donde provienen sus futuros estudiantes: los colegios, la sociedad civil.

¿Se puede sintonizar con la empresa desde un discurso estigmatizador de todo lo que significan los valores y los objetivos del emprendimiento?; ¿La satanización permanente al mercado, a la competitividad, a la eficiencia, al lucro, es decir al concepto mismo de empresa? Esta atraviesa transformaciones radicales a nivel mundial en las que están en juego su propia supervivencia. Anticipar el futuro es su consigna de vida o muerte. ¿Puede hacerlo una institución cuyo referente ocurrió hace más de un siglo (Córdoba 1918, por acaso) cerrada sobre sí misma?

¿De dónde vienen quienes acuden a las universidades? De la sociedad civil, que es todo menos un conjunto homogéneo de valores y emociones. Del entorno mundial en que desaparecen o se transforman instituciones, profesiones y saberes, y el pénsum es más un “lego” que una pirámide: ingresamos en una edad posprofesional.