Columnas

Nicaragua en el corazón

"Somoza actuaba contra una oposición armada. Fue cruel, sanguinario y corrupto. Ortega actúa contra una oposición desarmada con igual saña…"

Nicaragua es un país de maravillosos poetas. No hay que olvidarlo. Desde Rubén Darío pasando por Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal, Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Mejía Sánchez, Gioconda Belli. O de narradores como Sergio Ramírez. O de periodistas ejemplares como Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa de Managua, que fue asesinado por el Daniel Ortega del siglo XX, Anastasio Somoza Debayle y ahora su hijo, Carlos Fernando, galardonado con el premio Ortega y Gasset de periodismo, hoy en el exilio para salvar su vida. O de mujeres políticas, relevantes y valientes, pero presas o exiliadas como Dora María Téllez, heroína de la revolución sandinista y defensora de la libertad; Cristiana Chamorro precandidata a la presidencia de la República, Ana Vijil. Y tantos otros, como los jóvenes que pagaron con su vida en 2018 por protestar pacífica y legítimamente contra un gobierno despótico como el de la pareja Ortega-Murillo, que es una horrenda encarnación de la pareja Macbeth de Shakespeare.

“Somoza actuaba contra una oposición armada. Fue cruel, sanguinario y corrupto. Ortega actúa contra una oposición desarmada con igual saña… Es un saqueador no solo del presente, sino de las tumbas de tantos que murieron para que se acabaran las dictaduras en Nicaragua”, comentaba Gioconda Belli en El Mercurio de Chile.

La pareja Ortega Murillo no solo destruye vidas y quiebra destinos. Aniquila, con su fraseología izquierdista que tanto gusta a la izquierda caviar, los llamados intelectuales progresistas, la heroica gesta que dio sentido a la Revolución sandinista contra el tirano Somoza en los años setenta: vivir en un país democrático donde las libertades de los ciudadanos están vigentes.

¿Cuál es la fortaleza de la pareja Ortega-Murillo? No solo son los sicarios uniformados que siguen sus órdenes, ni los cientos de nuevos ricos por la corrupción que le aplauden. Son en último término, como apuntaba agudamente, la expresidente de Costa Rica, Laura Chinchilla, las instituciones del orden internacional que son impotentes para lidiar con los nuevos autoritarismos.