Educar deseducando

  Columnas

Educar deseducando

“El presidente, analizaba Martin Tanaka en El Comercio, de Lima, “…no entiende lo que está pasando… ni parece entender el nivel de desprestigio en el que está y el descontento que hay…”

El gobierno del presidente peruano Pedro Castillo Terrones, en medio de las convulsiones que seguramente son terminales, aunque el paciente puede demorar un tiempo todavía impreciso en caer, ha anunciado, la semana pasada, con ocasión del Día del Maestro, que su quinquenio será el de la educación y que además tiene listo el proyecto de ley del ingreso libre a las universidades del Perú.

Pocos días antes, la consultora Ipsos en el programa Cuarto Poder, había mostrado los resultados de su último sondeo: 76 % de desaprobación para el presidente de la república, solo superado por el 79 % de desaprobación para el Congreso. El gobierno del presidente Castillo y la actual legislatura llevan un poco más de ocho meses en el poder. Un récord en un país en el que los presidentes han caído velozmente pero no con la rapidez del actual mandatario, cuyos ministros y portavoces no se dan por aludidos y culpan de los problemas a los otros.

“El presidente, analizaba Martin Tanaka en El Comercio, de Lima, “…no entiende lo que está pasando… ni parece entender el nivel de desprestigio en el que está y el descontento que hay…”.

Uno de los graves problemas de la administración de Castillo Terrones ha sido la calidad moral y profesional de las personas que ha elegido sucesivamente para ocupar las carteras de Estado y que, a poco, sucesivamente, han tenido que salir de sus cargos ante el rechazo público. Denuncias de corrupción, escándalos, manifiesta incapacidad, desconocimiento del área confiada a su cargo, son algunas de las notas características de los efímeros ministros.

¿Qué significan entonces, en este momento, las declaraciones sobre el “quinquenio de la educación” y el acceso libre a las universidades sino huecas promesas, sortilegios para incautos, que creen que es posible, mientras el país, institucional y moralmente se derrumba, que la educación formal, milagrosamente, puede cumplir su estratégico papel de ser movilizador social por excelencia, recurso de formación de cuadros de alta calificación, profesionales innovadores que no quieren repetir el pasado sino inaugurar el presente?