Columnas

Chile-Ecuador: caminos diferentes

La Constitución de 1989, por ejemplo.

Desde los años 90 del siglo pasado, Chile se convirtió en referencia ideal para la región y para el Ecuador en particular, por su combinación, hasta el año pasado exitosa, de democracia y desarrollo económico.

El país de la “estrella solitaria” se volvió más solitario entre sus vecinos sudamericanos, aquejados por continuas crisis económicas, rachas de populismos, protestas sociales, inseguridad. Pero en octubre del año pasado, cuando terminaba el conflicto en Ecuador, Chile perdió esa imagen ideal y mostró rostros hasta ahora insospechados de iracundia, fiesta juvenil, miedo, transgresión, movilizaciones cada vez más masivas nunca pensadas, destrucciones de la memoria histórica pero también insólitas recuperaciones de ecos de las décadas de los setenta, destrucción, anarquía, saqueos. ¿“El pueblo unido jamás será vencido”, vuelve a recorrer, como en los setenta, las grandes alamedas?

El resultado del domingo pasado es histórico. “Ante la urgencia de volver a confiar, la ciudadanía en masa, prefirió un optimismo improbable antes que un pesimismo seguro”, resumió magistralmente Loreto Cox en El Mercurio, el triunfo del “Apruebo”, (78,3 %), para redactar una nueva Constitución o nuevo pacto social, al día siguiente del plebiscito. “…El resultado no expresa una ideología sino una sensibilidad; a la mayoría no la une lo que piensa sino lo que siente”, escribió por su parte Carlos Peña en ese mismo medio sobre la decisión igualmente mayoritaria de elegir a una Convención de ciudadanos, electos para ese propósito (79 %).

Ecuador en cambio, no tiene fiestas que celebrar. Una década fue más que suficiente para mostrar la inviabilidad de los grandes textos constitucionales y la consiguiente frustración de quienes alguna vez confiaron en ellos.

Para recuperar el país, tomar aliento después de tanta decepción, lograr consensos básicos sin los cuales ningún programa político es posible porque terminará despedazado por las minorías desconfiadas en que nos hemos constituido, hay que mirar más bien atrás para lograr futuro. La Constitución de 1989, por ejemplo.