Columnas

Las batallas del presente

'Las guerras y las pestes tienen mucho en común. En ambos, sin abastecimiento, la derrota es segura’.

Cuando se preparaban los ejércitos que librarían las batallas del frente europeo en agosto de 1914, hace más de cien años, creían que el desenlace sería rápido y que las tropas “volverían a casa para Navidad”. Tenían el modelo de Waterloo de 1815, cuando, en un día, el ejército francés fue derrotado por los británicos y los prusianos al mando de Wellington y de Blücher, respectivamente. No logró alterar el resultado la carga final de la Guardia Imperial, ni su coraje suicida, como lo ha descrito magistralmente Víctor Hugo en Los Miserables.

En 1914, el Alto mando alemán tenía planificado que, en un mes, Francia estaría derrotada y los británicos, en desorden, tendrían que retirarse del suelo continental. Esta duración del plan, cuidadosamente elaborada día a día en Berlín, respondía a uno de los factores de los conflictos modernos: el problema del desabastecimiento. Sin municiones, comida, medicina, implementos médicos y medicamentos, utensilios para hospitales de campaña, etc., la victoria era imposible. Por eso, la necesidad del mes, que podría alargarse unos días, pero no mucho más.

Las guerras y las pestes tienen mucho en común. En ambos, sin abastecimiento, la derrota es segura. Por ello, en situaciones como la que atravesamos a nivel mundial y local con el Covid-19, es más necesario que nunca garantizarlo. Pero abastecimiento implica una cadena de productores y proveedores que suministren en tiempo real, no el de hace diez días, los productos, y que estos a su vez sean entregados a los consumidores. Terminales de teléfonos congestionadas por llamadas, muchas de ellas sin importancia, aplicaciones que no informan del tiempo de la entrega, acaparamiento de víveres, rumores apocalípticos que se difunden con solo aplicar un botón, sin preguntarse si ayudan y están confirmados, vivezas criollas.

La falta de comunicación clara, concisa y oportuna, por parte del Gobierno, lleva a la derrota y a la destrucción.

El campo de batalla, tanto en las guerras actuales como en las pestes, no es uno. Es múltiple. Participamos todos.