Columnas

Agonía de una utopía

"Esta atroz dictadura, la némesis de la libertad y la justicia anheladas, terminó desplomándose aparatosamente..."

El título de este artículo es decididamente provocador. ¿Cómo una utopía, es decir un no-lugar, puede entrar en agonía si ni siquiera ha existido formalmente, es decir no es localizable en el espacio y el tiempo? Al comienzo de la modernidad, los clásicos como Tomás Moro preservaban ese carácter ideal, situándola más allá de la geografía y del tiempo. En el siglo XX, paradójicamente, esta utopía se localizó en un inmenso país en los confines de Europa y comienzos de Asia, que, como consecuencia de la ineptitud y corrupción de sus élites, se desmoronó como estado y vivió una tormentosa y confusa “revolución socialista”, que terminó en dictadura sangrienta y atroz. 

En esta dictadura, como ya había sucedido en la francesa del siglo XVIII, pero a una escala que alcanzó a millones de víctimas inocentes, la ortodoxia fue implantada a sangre y fuego por tribunales que no vacilaron en liquidar a sus propios fundadores y, simplemente se prohibió pensar, expresar y hasta sentir de manera diferente. Esta atroz dictadura, la némesis de la libertad y la justicia anheladas, terminó desplomándose aparatosamente, dejando en la orfandad ideológica a todos aquellos que pese a las evidencias justificaban este infierno en la tierra, en nombre de un paraíso en el futuro.

En dos entregas aparecidas en los meses de julio y agosto de este año, en la revista mexicana Nexos, Joaquín Villalobos, excomandante del ERP, uno de los grupos guerrilleros del Frente Farabundo Martí de El Salvador, analista político y estratégico, crítico implacable de los movimientos latinoamericanos de izquierda, se ocupa de otra utopía activa entre nosotros: Cuba.“Cuba es el único país latinoamericano que ha necesitado llevar seguimiento de lo que pasa en nuestro continente y el mundo. Solo hay dos salas situacionales globales, una en Washington y otra en La Habana... Sus servicios de inteligencia superan en capacidad, experiencia y cobertura a cualquier país latinoamericano, compiten con la CIA, el Mosad o el M16”.