Joaquín Hernández | Repensando la universidad
Se trata de analizar dónde y en qué medida, las instituciones universitarias resultan afectadas por las nuevas circunstancias
Existen muchos motivos para repensar la labor de la universidad en países como los nuestros, aquejados por narcotráfico, corrupción, desconfianza ante el prójimo, quiebre de proyectos vitales por la extorsión o por venganzas. Tradicionalmente se ha dicho que la universidad tiene tres funciones: docencia, investigación y vinculación. Pero se trata de una afirmación que puede sustentarse en cualquier tiempo. Se trata de analizar dónde y en qué medida, las instituciones universitarias resultan afectadas por las nuevas circunstancias como las señaladas y cómo pueden responder a ellas.
La universidad se basa en el compromiso mantenido en el tiempo de que gracias al esfuerzo y dedicación, las personas que ingresan a sus aulas terminarán con competencias que les permitirán desarrollarse como profesionales y a la vez aportar con el ejercicio de la vida académica una dimensión de ser en la sociedad: la ciudadanía. Se trata de compromisos a mediano y largo plazo, verificables en el tiempo. En el fondo, si se analiza con detalle, la formación universitaria propone un estilo de vida metódico, austero, esforzado, preocupado con el prójimo, tolerante y universalista en la medida en que funciona con conceptos. Nada más lejano de este estilo de vida que el publicitado y exhibido como ejemplo a seguir por las figuras del narcotráfico y su cohorte de modelos donde la rapidez está al orden del día, no existen procesos ni etapas y la embriaguez del éxito del poder se adquiere de súbito. ¿Para qué, se razona desde ese estilo de vida, pasarse estudiando cuatro o más años, cumpliendo procedimientos y sometiéndose a evaluaciones permanentes, si lo que da satisfacción se puede lograr con solo quererlo, echando por la borda tanto trabajo?
Este ataque a la misión de la universidad, como el que experimentamos día a día, cuando se hacen de conocimiento público las vidas de estrellas del narcotráfico y su atmósfera de ilusión, afecta no solo a la visión profesionalizante de las instituciones, algunas de las cuales han malinterpretado su misión al creer que solo otorgan títulos que permiten ejercer trabajos. Afecta también a la educación como credibilidad y valoración de compromisos, como respeto a la dignidad humana, al diálogo y no a la imposición violenta como la manera adecuada de interrelacionarse las personas. La universidad no solo informa: forma a personas de bien, a ciudadanos conscientes de integrar una cosa pública que está más allá de sus intereses particulares.