Columnas

Tinieblas

Ojalá tuviéramos en estas épocas de confusión, en las que todo es pesca a río revuelto, Galileos y Copérnicos que lideren nuestra salida de las tinieblas modernas.

“La ciencia vencerá a las tinieblas”, dice un viejo adagio cuyo origen exacto es desconocido, pero con el que desde sus inicios se asoció el pensamiento liberal franco-masón. Emancipados del oscurantismo de la Edad Media, los pueblos europeos de los siglos XVI, XVII pero sobre todo XVIII, encontraron en los preceptos científicos herramientas para su progreso, precipitando las grandes revoluciones políticas.

El colapso del “antiguo régimen” y el advenimiento de las democracias modernas es a la vez el triunfo de la ciencia y de la razón por sobre las tinieblas que representaba ya para entonces la monarquía absolutista o su antecesor, el vasallaje feudal, fundamentados ambos en nada más y nada menos que la soberanía divina.

Lo que sabemos por la cultura popular sobre Galileo o Copérnico, a la vez que sorprende por lo avanzado de sus descubrimientos, es que tuvieron que defenderlos ante el poder, tan reacio a aceptarlos, que llegó a condenarlos. Recordemos que la imprenta moderna, aunque fue inventada allá por 1440, no sirvió para propagar conocimiento sino recién doscientos años después, con los periódicos y las universidades; antes, solo los monjes y las cortes reales acumulaban el saber.

Hoy nadie podría dudar de que el conocimiento está a disposición de quien lo busque. Pero, ¿ha vencido la ciencia a las tinieblas?

¿Cómo es posible que hayan pasado más de 6 meses desde el descubrimiento del COVID-19 y que los investigadores sigan dando palazos de ciego? ¿Basan nuestros políticos sus decisiones menos en oscurantismos populistas y más en datos científicos? ¿Son nuestras élites modernas las más educadas en el método científico?

No lo sé. Solo sé que entre el saber y las tinieblas, entre la ponderada reflexión y la vertiginosa confusión mediática, me quedo con las primeras. Y a veces me parece que tenemos que mirar al pasado para proyectarnos en el futuro. Ojalá tuviéramos en estas épocas de confusión, en las que todo es pesca a río revuelto, Galileos y Copérnicos que lideren nuestra salida de las tinieblas modernas.