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'Aquí cabe un renovado discurso sobre el método’.

En Enero se reunieron en Davos, para hablar del futuro, los mandatarios y gerentes de los gobiernos, empresas y oenegés más importantes del mundo. Hasta los ahora amigos Donald Trump y Lenín Moreno estuvieron allí.

Luego de mucho esfuerzo, los líderes se pusieron de acuerdo sobre un listado de los riesgos más importantes para la humanidad.

Y así concluyó Davos en 2020 que los riesgos medioambientales serían los más importantes de los próximos 10 años, seguidos por la ciberseguridad, la economía y la geopolítica. El riesgo de epidemias quedó en puesto 24 de 30 riesgos examinados y obtuvo un puesto 10 en la medición de potencial impacto. Entre los riesgos a corto plazo, evaluados recordémoslo en enero de este año, una epidemia, no digamos pandemia, ni siquiera apareció.

Y aquí estamos dos meses después, encerrados viendo mercados y geopolítica colapsar. Pero nadie se da el tiempo de hacer balances sobre quienes guían nuestro destino.

Solemos quejarnos de nuestros líderes criollos, olvidando que hasta en Davos se cuecen habas. El grupo Eurasia, supuestamente la mayor consultora de riesgo político del mundo, da “alcance” a su reporte 2020, publicado enero, concentrándose ahora en el coronavirus, que entonces ni siquiera asomó.

Aquí cabe un renovado discurso sobre el método. Porque quienes deberían estar decidiendo sobre los destinos de la humanidad están prescindiendo de asumir el reto; son suficientemente inteligentes para reconocer sus limitaciones y renunciar a los espejitos del poder y la fama. Y quedamos en manos de los que sacan 0 en la materia por la que están ahí.

Nadie busca y sigue expertos sobre cómo pensar, cómo evaluar decisiones, cómo hacer mejores preguntas, cómo acercar decisiones sociales y empresariales a los cánones de la ciencia. Nadie lo hace en la empresa, nadie lo hace en gobierno, porque todos prefieren ser ‘groupies’ de Zuckerberg, Dimon, Gates o Jobs, para entender cómo lograr su riqueza. Ignoramos al final que el ratio de esos éxitos es menor, frente a la población mundial, que el ratio de mortalidad del Covid-19.