Columnas

Dime de qué presumes

'Los precandidatos buscan ya diferenciarse enfatizando sus virtudes’.

Ahora que se viene la campaña electoral veremos a todos los candidatos presumiendo de sus innumerables talentos y virtudes. Dime de qué presumes y te diré lo que te falta, dice el viejo refrán. Entonces, fijémonos bien al momento de ponderar el voto, porque nuestra elección nos traerá más de otras cosas y menos de todas las maravillas que nos fueron ofrecidas en campaña. Es así. 

Los precandidatos buscan ya diferenciarse enfatizando sus virtudes. Apenas los identificamos por sus sugestivas formas de expresarse en público, o porque los encuestadores los promocionan sin querer queriendo: prefiero obviar los nombres porque resulta risible imaginar la papeleta. 

Las redes y la inmediatez de la comunicación son territorio fértil para que proliferen perfiles ultraproducidos, sin espacio al error o al defecto. Sus asesores hasta se dan el lujo de organizar cómo y cuándo comunicarán sus defectos -y cuáles. Así no dejan espacio para la verdadera ponderación del elector -por lo demás distraído en la avalancha de información. 

Imposible es detenerse y meditar para sacar conclusiones útiles sobre personajes cuyas vidas privadas y visiones políticas no guardan ninguna consistencia con sus ‘feeds’ de YouTube, Twitter o Instagram

Tampoco podemos culparlos, en esto son tan víctimas como victimarios. Si aceptamos que tienen que vender su candidatura, aceptemos también que tienen que decorar y amplificar las que consideran que son sus principales virtudes, sus diferenciadores. 

Desconfiemos recordando el dicho: dime de qué presumes y te diré lo que te falta.

Recordemos además que siempre será más fácil para el candidato presumir sobre lo conceptual, sobre principios y eslóganes que sobre hechos reales: debemos hacer esto o lo otro, haremos lo de acá o acullá. 

Pocos son los candidatos que pueden, realmente, remitirse a una trayectoria consistente de acciones respecto a los mismos principios que comunican.

Como digo, no podemos culparlos de que nos tomen por sorpresa, pero sí podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para recordar el viejo refrán.