Columnas

La libertad nos espera

"Habiendo leído la reseña periodística que resaltaba el trabajo de la Fundación Ecuador Libre en la estructuración programática del actual gobierno, constaté una vez más lo poderosa que es, para bien o para mal, la fuerza de las ideas"

Recuerdo con alegría y nostalgia mis clases de literatura en el colegio Alemán Humboldt, con nuestra querida aunque severa maestra Cecilia Ansaldo Briones. De sus interesantes clases rememoro haber escuchado por primera vez la figura retórica de la prosopopeya, que es la personificación de un animal o cosa -tangible o intangible- que al darle características humanas luce o actúa como una persona. El término prosopopeya es de origen griego y proviene, a su vez, de la palabra ‘prósopon’, que significa literalmente “por delante de la cara” o máscara. En mis libros, la prosopopeya más gloriosa es ‘La Liberté éclairant le monde’, o La Libertad iluminando al mundo, nombre de la famosa Estatua de la Libertad, aquel regalo icónico en 1886 del pueblo francés al americano por motivo del centenario de la independencia de los Estados Unidos de América.

Siendo las ideas de libertad tan antiguas como la vida misma, siempre han existido rebeldes al rebaño dispuestos a enarbolar la bandera de la libertad. Habiendo leído la reseña periodística que resaltaba el trabajo de la Fundación Ecuador Libre en la estructuración programática del actual gobierno, constaté una vez más lo poderosa que es, para bien o para mal, la fuerza de las ideas. Decidí entonces enumerar aquellas instituciones que en mi opinión han sido claves en los últimos tiempos para la promoción de las ideas de libertad en el Ecuador.

Comienzo con la Fundación Internacional para la Libertad, regentada por el premio Nobel Mario Vargas Llosa y baluarte en la promoción de las ideas de libertad en Hispanoamérica. Hoy por hoy se constituye como la indiscutible nave nodriza del pensamiento liberal iberoamericano. A nivel local, el Instituto Ecuatoriano de Economía Política o IEEP, fue el primer tanque de pensamiento liberal en el país, con una lucha incansable por más de treinta años por parte de Dorita de Ampuero: la indudable madre del libertarismo ecuatoriano contemporáneo. Al último, pero no menos importante, tenemos al nuevo y sobresaliente exponente de la libertad: la Fundación Ecuador Libre, que no solo ha formado la camada de los brillantes jóvenes que hoy conforman importantes cuadros del gobierno del presidente Guillermo Lasso Mendoza, sino que también ideó y sigue afinando la columna vertebral programática del actual régimen. A todos ellos, quijotes de la libertad, les digo que es de pocos perseguir incansablemente alguna quimera, rebeldes a la mediocridad y ávidos del pensamiento de preclaros filósofos. Esa actitud responde a una raza muy especial, a la estirpe de los idealistas.

Algunos atribuyen la representación de Helios -el titán de la mitología griega que encarna al dios Sol- a la Estatua de la Libertad, tal como lo fuera una de las siete maravillas del mundo antiguo: el Coloso de Rodas. Yo prefiero quedarme con la sensación que imagino habrán tenido los inmigrantes europeos en su primera visión al pasar junto a esa Estatua de la Libertad que blande una antorcha al cielo iluminando al mundo. Porque como bien dijera Carlos Vecchio, quien junto a Leopoldo López es uno de los líderes del venezolano partido Voluntad Popular: “La Libertad nos espera, y pronto llegará”.

¡Hasta la próxima!