Columnas

Sobre guiones

Ahí sí, EE. UU. estaría escribiendo su propio guion.

Desde que anunciaron los resultados en los Estados Unidos, analizar los sucesos “allá” es como leer el guion de lo que ocurre “acá”, Latinoamérica; al punto que podíamos adelantarnos a lo que el presidente Donald Trump iba a decir: 1) No iba a reconocer los resultados. 2) Reforzaría que había ganado por amplia mayoría. 3) Criticaría la transparencia del proceso. 4) Lo radicalizaría: fraude. 5) Realizaría todo esto sin presentar evidencia alguna. Para él esto no se acaba. La figura de un caudillo que se aferra al poder en Latinoamérica no es nuevo. Que no sabe perder (recordemos a Cristina Fernández ausentándose en la toma de poder de Mauricio Macri), tampoco. ¿Qué es lo diferente? Primero: cuando en Latinoamérica se pone en duda la seriedad de nuestras instituciones, no nos afecta. No es un golpe mortal. Pocos en la región seríamos capaces de poner la mano en el fuego por la independencia del CNE. Trump, por su lado, logró sembrar la duda e incluso despreció a un sistema con más de 200 años de antigüedad. A pesar de sus críticas, su integridad pocas veces ha sido puesta en duda. El orgullo central de los estadounidenses por su país, arrebatado. Segundo: que un presidente se niegue a la transición de poder, acá puede resultar indignante pero no anormal. Por primera vez en la historia, el mensaje de felicitación del candidato perdedor al ganador será inexistente. Rompe una tradición que definía su esencia como república. Y es más: mina la civilidad. Culturalmente, ¿qué hay por celebrar? Poco. Pero en cuestión de institucionalidad, bastante. Y esto es lo distintivo de EE. UU.: el caudillo no está por encima de la ley. Sus intenciones y discurso se acallan ante las instituciones. Y ese precedente es la materialización de la teoría del porqué la división y contrapesos de poder son necesarios. Los republicanos también pueden hacer historia. Lo popular entre sus votantes sería respaldar a Trump, pero a costa de desacreditar a su país. ¿Qué hacen? Si tenemos suerte volveremos a atestiguar otro ejemplo de institucionalidad: la de un partido respondiendo a sus valores sobre los intereses de su líder. Ahí sí, EE. UU. estaría escribiendo su propio guion.