Columnas

Gracias mamá

Espero que cuando te encuentre estas palabras te abracen.

En medio de esta tormenta donde nada permanece, donde las estructuras que hemos creado se desploman como naipes, el domingo celebramos el día en que recordamos algo inquebrantable: el amor de hijo y madre. Hoy pienso en ellas. En las que ponen en pausa sus preocupaciones porque en la tarde en su casa las necesitan. Si son pequeños, llevan al hogar el universo que su hijo no puede ver ni tocar. Están cansadas. Este año muchas serán profesoras también, acompañando a sus hijos en la angustia de este nuevo desafío de aprender a través de las pantallas. Se las ingeniarán para enseñar a sumar, restar, multiplicar y dividir. Repasarán libros de historia, recordarán lo que vieron alguna vez en el colegio y que ahora les toca explicar. Todo esto mientras tratan de motivarlos sobre la “nueva realidad”. Tal vez con el corazón en la garganta, al ver a sus hijos, sin importar la edad, lanzarse a lo desconocido. ¿Cómo prometer que todo saldrá bien, que volverán al colegio, que encontrarán trabajo, que reabrirán su negocio, cuando no lo saben? ¿Cómo calmar su instinto de protección cuando no saben a lo que se enfrentan? Sin embargo, un abrazo suyo lo logra. Pienso en las madres que se preguntan cómo van a hacer con la comida de la semana. En las que eran sustento y han perdido su trabajo. No puedo hacer más que esperar que los programas de alimentos del gobierno, municipio, comité y /o fundación no las abandonen. Que el gobierno, como mínimo en esta labor no falle. Y que nuestra sociedad no ignore y se solidarice con la preocupación e impotencia de una madre que quiere trabajar y no tiene cómo. Pienso en los hijos también. En los que madrugan para ir a hacer las compras para que a su mamá no le pase nada. En los que llamaron al 911 buscando oxígeno. En los que no lo consiguieron. En los que hoy no tienen a quién celebrar. No sé cómo nos vamos a parar, pero sé que cuando no hay fuerzas para mantenerse de pie, sacar adelante a la familia se vuelve el motor más potente. Y en eso confío. Hoy pienso en mi mamá. Físicamente no estamos juntas, así que te regalo este artículo. Espero que cuando te encuentre estas palabras te abracen.