Columnas

Biden y Venezuela

La inminente administración de Joe Biden genera expectativa. El peso que tiene sobre sus hombros es histórico. Estamos frente a un candidato que desde la victoria ha abanderado como su mensaje político la unión. Ha tratado desde su oficina oval virtual y transitoria recordar a ambos bandos que sobre todo “son americanos”. Su discurso permite divisar los anhelos de convertirse en un presidente apolítico. Difícil. Primero si consideramos lo obvio: ¿qué puede ser más político que la presidencia? Segundo, si recordamos el nivel de politización de EE. UU. hoy, en este escenario cualquier acción es incendiaria. Tercero, por las presiones del partido demócrata. En un ala extrema, Elizabeth Warren, Bernie Sanders y la presión de grupos minoritarios que exigen una Casa Blanca más progresista y social. En el otro, los que juegan de forma estratégica, que entienden que seguir el camino anterior solo llevará a que el “ciudadano promedio” estadounidense pierda identificación con el partido. Entre los desafíos demócratas está no espantar el voto de confianza y aumentar su esfera de influencia. En este escenario, ¿cómo se verá afectado el caso venezolano en los cálculos de esta nueva presidencia? Durante la campaña, Trump deslegitimó a su adversario ante el electorado latino, reduciendo a Biden a socialista/chavista. La idea que trató de materializar aseguraba que si ganaba su contrincante, Maduro se fortalecería y su gobierno no tendría fin. La anunciación del Apocalipsis ganó: Florida fue de Trump. Si el Partido Demócrata busca recuperar el estado que por dos elecciones le ha hecho contener la respiración, sería lógico que optara por medidas que desmientan la narrativa republicana. Mantendrían (e incrementarían) las sanciones económicas para ahogar al régimen y el reconocimiento formal de Juan Guaidó. ¿Medidas más radicales? Pondrían en riesgo el símbolo de Biden (respetuoso, diplomático), sin mencionar la ruptura que significaría en su partido. Lo más probable es que Biden no se arriesgue ni por la opción bélica, ni por el (temido y antipopular) diálogo. ¿Dónde nos deja esto? Cambio de administración, pero para nosotros, más de lo mismo.