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Cuando una ley se crea no se deben necesitar los dichosos reglamentos, ya que a lo mejor cambia la aplicación de la justicia, amparada por el mamotreto de Montecristi, órgano perverso que nos asfixia cada día más y se opone al vivir en DEMOCRACIA

Es con la resolución de CIDH y las acciones de repetición, que guardan estrecha relación con uno de los tantos atropellos del prófugo contra la prensa; el caso puntual de El Universo y sus principales, invita a pensar que el cumplimiento de las leyes es tedioso, enredado y cansado, por lo que muchos procesos se abandonan por falta de dinero y credibilidad en la justicia.

Según lo expresado por el procurador general, luego del pago de una cantidad de dinero, hay que esperar entre 20 días y 4 años para que la reparación sea completa a los cuatro ciudadanos escogidos como chivos expiatorios por el asolador en la década perdida.

Graciosamente el desmadre causado a personas y familias, en buena cuenta, tenemos que pagarlo todos los ecuatorianos, pues somos los cotizantes del Estado demandado.

Lo robado debería servir para la cancelación de lo ordenado, sin que se explique los pasos seguidos para llegar a la suma de $ 400.000 a los afectados.

Justo en esta época sale la sentencia y de manera novelesca se menciona que podrán pasar una feliz Navidad. A otro perro con ese hueso. Ni siquiera el expatriado dejaría de esbozar una sonrisa viviendo en el primer país del mundo que le permitió trabajar para subsistir a pesar de haber despertado con su artículo a la fiera que devoraba lo que se le antojaba.

Qué difícil es vivir al amparo de las leyes y qué triste soportar los abusos de los que gobiernan. Debe existir un reglamento para que la ley se cumpla. Absurdo que genera antojadizas interpretaciones que cansan y desorientan a los afectados, a más de que dan cabida a las componendas entre los que se dice, saben de leyes.

En febrero del 2012 el prófugo concedió el perdón de la pena y condonación de la deuda. Esto fue reconocido por el CNJ.

Luego es que vienen una serie de acciones que dilatan el caso al punto de que parece el cuento del gallo pelón, con la novedad de que el egreso se hizo sabiendo que lagarto que traga, no vomita.

Cuando una ley se crea no se deben necesitar los dichosos reglamentos, ya que a lo mejor cambia la aplicación de la justicia, amparada por el mamotreto de Montecristi, órgano perverso que nos asfixia cada día más y se opone al vivir en DEMOCRACIA.