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Palabra

"Algo tan simple como la palabra, usada de manera torcida, nos tiene al borde del caos y la desaparición como país libre y soberano"

El significado es muy amplio y abarca diferentes tópicos.

Esta vez quiero referirme a la promesa basada en el sentimiento del honor.

Es tan vilipendiada, sobre todo en épocas de elecciones.

Un ejemplo es el de uno que prometió no intervenir en la lid electoral y que a sabiendas de que se habían cerrado las posibilidades de inscribir su candidatura, suelto de huesos hace conocer que será candidato. Claro, le negaron su solicitud.

Esto se percibe como una burla al pueblo ecuatoriano. Ha demostrado que la palabra, concebida como lo antes mencionado, no tiene ningún valor.

En el diario vivir se la usa de diversas maneras, triviales muchas de las veces.

Muy rara vez se lee que alguna persona se rehúsa a firmar un contrato, manifestando que con su palabra es suficiente para que las cláusulas estipuladas se respeten. En los tiempos actuales, el acto suena a irresponsabilidad, por decir lo menos.

Es conocida la clase de actores que existen en el medio, luego del imperio de la robolución, al extremo que debemos desconfiar hasta con el hecho de extender la mano para un saludo.

Dolorosamente, ha pasado a la historia el valor de la palabra para sellar un pacto de caballeros.

Ni siquiera se puede confiar en un contrato redactado unilateralmente si antes no es revisado por un profesional en leyes a pedido del firmante. En este acto, ni la amistad vale. Se interponen los honorarios profesionales, de manera que cosas sencillas se complican de manera absurda, y llena de desconfianza.

¿Cómo podemos los ecuatorianos pensantes confiar en la palabra escrita en el mamotreto de Montecristi, si fue elaborado por gente carente de patriotismo y falta de espíritu de servicio para sus electores? Todo fue un sainete de mal gusto que se adaptó a lo que llegó escrito por gente que nada tenía que ver con el Ecuador y solo obedecía a los malignos designios del malévolo Foro de Sao Paulo y otros afines. Las pretensiones: acabar con un país democrático, muy pocas veces gobernado por seres iluminados.

Algo tan simple como la palabra, usada de manera torcida, nos tiene al borde del caos y la desaparición como país libre y soberano.