En nombre de Dios

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En nombre de Dios

Frase tantas veces invocada que a veces suena hasta cursi, pero esta vez y con las dispensas del amable lector, quiero usarla para ver si el ciudadano presidente emite un criterio sobre el destino que nos espera de seguir vigente el mamotreto.    

Hoy leí otro análisis sobre la conveniencia de la adopción de la Constitución del 98. Lo hace en medio de una conversación, ficticia, pero muy instructiva. No está de acuerdo con la tan mentada “muerte cruzada”. Dice que jamás se cede a una posición de poder. ¡Qué interesante concepto!

A tan poco tiempo del inicio de la etapa gloriosa, cuando nos escapamos de la plaga maldita del socialismo siglo XXI, nadie en su sano juicio creería que se va a repetir el triunfo apretado. No se deben olvidar que los organismos rectores de los eventos electorales siguen en manos de los lacayos del prófugo, quien debe estar gastando lo robado para “regresar” y saciar su sed de venganza y arrasar con lo que quedó.

El equipo político, que debe existir en la casa de gobierno, me imagino que elabora, espero, un plan para acabar con todo vestigio que recuerde la robolución.

Hoy, el político que pudo, pero no quiso encabezar el rescate, dice que lo único bueno es la vacunación. ¡Debe el resto! ¿Tendrá razón? ¡Qué miedo!

Así también preocupa que existan personas pendientes del final de un ser abominable que casi acaba con su país.

La delincuencia no solo está en las calles. Se valen de llamadas telefónicas amenazantes o llenas de maldad, abusando del estado de sorpresa, para conseguir sus malsanos propósitos. Ciudadanía, ¡ALERTA!

No deben hacerle el juego a los que se dicen defensores de los derechos humanos. Piensen en las víctimas. No tengan un ápice de consideración con los victimarios.

¿Qué esperan para cerrar las fronteras y tratar a los que pretenden entrar al Ecuador de la misma manera como nos tratan en otros países? Expulsen a tanto indeseable que vino a complicar la ya dura realidad de los ecuatorianos o que normalicen su presencia. No más pordioseros.

Presidente, la justicia no camina y el circo tampoco. El tiempo apremia.