Columnas

Guayaquil, ¿excluyente y neoliberal?

El deseo de superación no tiene ideología. Un amigo comenzó de conserje y terminó siendo empresario de éxito.

Un estudio hecho con tinte socialista, no urbanístico, llega a conclusiones que no deben asombrar; se publican desde décadas atrás, incluyendo libros. Y Guayaquil calla. El estudio en mención concluye que los gobiernos locales y nacional solo se interesan en tener ciudad para la clase media y rica, que el pobre es excluido. 

Los que lo elaboraron y dieron conclusiones desconocen que Guayaquil sufre de invasiones desde hace un siglo: las epidemias del cacao obligaron a miles de campesinos a migrar al puerto en busca de mejor futuro. La invasión ha sido en toda la ciudad: cerros Santa Ana y Mapasingue, Guasmo, Bastión Popular (perdí 10.000 metros cuadrados sin ninguna compensación), Perimetral, etc.; fueron centenares de miles de ecuatorianos que se establecieron en el puerto. 

¿Qué puede hacerse frente al arribo de un éxodo masivo? No era posible que se instalaran en sitios con disponibilidad de todos los servicios públicos, incluyendo educación y salud. La culpa es del Estado centralista, por descuidar el campo, no de los líderes guayaquileños.

De ese conglomerado humano hay personas que triunfan, comienzan viviendo pobremente y luego construyen casas de cemento. ¿Por qué Guayaquil es la ciudad preferida de los invasores? Ha sido, es y será, ciudad de oportunidades. Es el lugar donde personas sin mayores recursos, originarios o no de la ciudad, se hicieron muy ricos (Calero, Noboa, Valdez, Guzmán, Quirola, etc.). Siempre es la ciudad de mayores historias de éxito empresarial. Sé de un joven empresario triunfador cuyos padres viven en el cerro Santa Ana. Los ancestros de los grandes productores de cacao, 1880 a 1920, empezaron con fincas de pocas hectáreas. 

Mi tatarabuelo Ildefonso Coronel Méndez vivía en Cuenca y al enviudar su madre, como la ciudad cruzaba severa crisis económica, decidieron venir a Guayaquil. Comenzó vendiendo libros y a 1870 estaba entre los empresarios más grandes del puerto. 

El deseo de superación no tiene ideología. Un amigo comenzó de conserje y terminó siendo empresario de éxito. El neoliberalismo, otra falacia de la que escribiré próximamente.