¿Sigue “caliente” la frontera norte?

  Columnas

¿Sigue “caliente” la frontera norte?

Luego de dos años, la gran pregunta ciudadana es si la larga y porosa frontera del norte continúa siendo zona “caliente”.

La madrugada del 27 enero de 2018 la ciudad fronteriza de San Lorenzo fue estremecida por un acto de terrorismo -previamente “anunciado”- que provocó la destrucción del destacamento policial, cuyo autor fue el frente Oliver Sinisterra, mafia ex-FARC según la fundación In Sight Crime, comandado por el abatido Negro Guacho. Posteriormente, se produjeron alrededor de 10 acciones con explosivos, secuestros, asesinatos y otras actuaciones delictivas que dejaron 10 fallecidos entre miembros de FF. AA., el equipo de diario El Comercio y una pareja de comerciantes (Expreso, 25-enero-2020). Ecuador pasó de santuario a lugar de accionar del crimen organizado colombiano, como expresión de la “post-paz de Colombia”. 

Luego de dos años, la gran pregunta ciudadana es si la larga y porosa frontera del norte continúa siendo zona “caliente”. La respuesta es sí, por las siguientes razones: 1.- Los graves problemas políticos de Colombia. Señala la revista Nueva Sociedad, diciembre 2019, que “la movilización que comenzó con el paro nacional de noviembre, convocado por centrales obreras contra las reformas laboral y pensional, tiene una amplia gama de reclamos. Los manifestantes jóvenes piden más recursos para educación pública, otros mostraron indignación frente a la corrupción; otra gran parte se concentra en exigir el cumplimiento integral de lo pactado o rechazar el incesante asesinato de líderes sociales, indígenas y excombatientes. La ambigüedad en torno a la implementación tiene efectos letales en territorios donde aún no ha llegado el Estado. 

Las consignas contra Duque y el expresidente Uribe, el más férreo opositor de los diálogos y Acuerdo, han sido un reflejo del nuevo clima de opinión pública; el mandatario alcanza una desaprobación de 69 % y su mentor político también aparece en números rojos desde hace algún tiempo”. 2.- En Esmeraldas continúa el tráfico de drogas, la minería ilegal, la trata de personas y los secuestros-extorsiones. Subsisten las mismas condiciones de vida de la población, de carencias y pobreza. 3.- La presencia de la Fuerza Pública ha reducido la violencia, pero no la percepción de inseguridad.