Columnas

El dúo malévolo

Trump retoma las ambiciones territoriales de la ultraderecha nacionalista (colonos y partidos religiosos) y sus argumentos.

El 28 de enero, en Washington, Trump, acompañado de su “socio” Netanyahu, lanzó mundialmente un plan de paz para resolver el conflicto palestino-israelí, “el acuerdo del siglo”. Esta propuesta trabajada durante 2 años ha sido coordinada por el yerno de Trump y aportes del embajador norteamericano en Israel, ambos judíos. 

Además, el plan responde a motivaciones políticas, religiosas y de seguridad de los dos dirigentes ultraconservadores, ya que ambos lo necesitan frente a las coyunturas electorales que viven y a las acusaciones políticas y judiciales, como el juicio político por destitución en el Congreso e incumplimiento de ofertas al electorado de Trump; mientras Netanyahu, que está encausado por la justicia por cargos de corrupción, fraude y abuso de confianza, puede llegar a 10 años de prisión; y se avizora una persecución internacional por crímenes de guerra y lesa humanidad. 

“Los socios asociados en sociedad”, como dice el poeta Nicolás Guillén, necesitan el plan, pero está plagado de errores y parcialización total, que lo hacen inviable y repudiable para la mayoría de Estados, por estas razones: primero, viola los acuerdos de Oslo suscritos por Israel y la Autoridad Palestina en 1993, con el auspicio de EE. UU. y otros países. 

Segundo, la administración Trump, desde su inicio, ha pretendido desconocer todas las bases de consenso internacional sobre una resolución negociada del conflicto, reconocidas por todos sus antecesores y NN. UU. Tercero, el plan restablece sin ninguna vergüenza, en el siglo XXI, el lenguaje del colonialismo más burdo y reprochable. 

Trump retoma las ambiciones territoriales de la ultraderecha nacionalista (colonos y partidos religiosos) y sus argumentos. Cuarto, sucintamente, el plan prevé la anexión de los territorios de Cisjordania ocupados por Israel militarmente desde 1967, y los Altos del Golán de Siria. Incluso plantea la ocupación del valle del río Jordán, que deberá convertirse en la frontera oriental de Israel. 

Palestina pierde alrededor de 30% de su territorio. Mundialmente preguntamos: ¿quién le dio poder a Washington para conceder unilateralmente la ocupación de territorios palestinos?