Construcción social del medio

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Construcción social del medio

Toda sociedad tiene un fondo de violencia y delincuencia. Para su control se han ido desarrollando históricamente las tablas de la ley. Recordemos al legislador que fue Moisés y al derecho romano; se fueron imponiendo sanciones y penas y se crearon las cárceles que posteriormente fueron asumidas por el Estado. En Occidente, según Michel de Foucault, los penales cumplieron las funciones de recluir y aislar a los asociales, inicialmente; en la modernidad el Estado asume la tarea de su rehabilitación, en algunos casos con apoyo de ciertas iglesias. En Ecuador, en dos siglos de vida republicana, el Estado solo se ha encargado de reprimir, sancionar y encerrar a las conductas asociales. Sin temor a equivocarnos, sostenemos la ausencia de políticas y programas de prevención y rehabilitación social. Este lamentable abandono, acompañado de problemas estructurales como desigualdades, exclusión y etiquetaje han provocado la (re) potenciación y crecimiento de este fondo social con sus coyunturales rebrotes, que se expresan en proliferación de bandas y mafias y crecimiento del crimen organizado con sus manifestaciones sangrientas y de graves efectos colaterales, que provocan incertidumbre y miedo en la cotidianidad. Esta situación colectiva de profunda intranquilidad y zozobra se expresa en enjaulamiento habitacional -que produce mutaciones en los entornos urbanos-, encerramientos, empleo de tecnologías y armas de fuego, entre otras combinaciones, que aceleran más la espiral de violencia, inseguridad y muerte. A ello coadyuvan los medios de comunicación, con un equivocado manejo de crónica roja y un populachero e inexplicable criterio de derecho a la información en estas circunstancias; hoy agravado con los mensajes y fakes news de redes sociales. Decía Pascal: “el hombre es una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña que piensa”. El ser humano es debilidad e inteligencia y esta conjunción hace que se sobreponga a los embates de la vida social. Solo la conjugación sociedad-Estado y ética logrará el sometimiento de la delincuencia y descender los niveles de violencia. Sino el miedo seguirá creciendo.