Columnas

Conflictos electorales, candidaturas y debate

Un juez de este último sentenció a cuatro miembros del primero a la destitución por “desacato a decisión de autoridad competente”, faltando alrededor de 3 semanas para la realización de las elecciones.

Son públicos los recurrentes conflictos al interior del CNE y entre este y el TCE. Un juez de este último sentenció a cuatro miembros del primero a la destitución por “desacato a decisión de autoridad competente”, faltando alrededor de 3 semanas para la realización de las elecciones y violando incluso, a nuestro criterio, la Constitución. Todo este ‘’imbroglio es consecuencia del apresurado e inconsistente Referéndum Constitucional y Consulta Popular de febrero de 2018, que enfrentó en la arena político-electoral al caudillo con su sucesor. Consideramos que la ligereza y velocidad con que actuó el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio (Cpccs-T) ha provocado la crítica situación actual, que desmotiva a los electores y llena de suspicacia el proceso. (En 15 meses el Cpccs-T evaluó y destituyó a las autoridades sospechosamente designadas por la RC y nombró por procedimientos de selección y oposición a las autoridades máximas vigentes de 12 instituciones de control, investigó hechos de corrupción y receptó y tramitó denuncias ciudadanas, entre otras tareas). Coincidimos con Rafael Oyarte, que destaca: “Ya tuvimos una reforma publicada en enero de 2020 al Código de la Democracia. Como aquí tenemos reformitis aguda, reformamos todas las leyes porque hacemos las cosas al apuro”. Ello permiten comprender el porqué de los 16 candidatos presidenciables, así como la sospechosa y velocísima sentencia del juez Torres del TCE a favor de la ilegal inscripción del aspirante a candidato Álvaro Noboa, que exhala un tufillo a corrupción. Entre los cambios al Código de la Democracia y crisis del Poder Electoral se sitúa el debate obligatorio de los candidatos organizado por el CNE, con el apoyo de un “Comité Nacional (¿¡) de Debates” (¿es nacional?). Los debates se caracterizaron por ser exposiciones diluviales de escuetas propuestas (escaso tiempo, 4 minutos); denotaron gran improvisación y bajos conocimientos de realidad nacional y de sus planes de gobierno. Predominó la retórica del “yo”, no hubo apelación al partido político o a la alianza; y la escasa crítica que hubo se convirtió en un ejercicio de diatribas y de ataque personal.