¿Síndicos de la quiebra?

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¿Síndicos de la quiebra?

"Al final del día, es mejor irse a casa que ser síndicos de la liquidación del Ecuador"

Imagen Dibujo Editorial Expreso
¿Síndicos de la quiebra?Teddy Cabrera / Expreso

Las leyes enviadas por el Gobierno no deben ser aprobadas. Las amenazas de muerte cruzada no pueden mover a la Asamblea a aceptar propuestas que son contrarias al interés público, el mismo que trasciende las necesidades de un gobierno fracasado.

En el caso de una ley, los principios del buen gobierno se refieren a la efectividad y suficiencia de la ley para cumplir con los objetivos propuestos; a la incidencia y afectación de la misma sobre los diferentes grupos de la sociedad y regiones del país; y a los instrumentos propuestos en su normatividad. Finalmente, está de por medio la credibilidad de quien lo propone. 

He aquí las razones para la no aprobación:

Primero, el problema real, esto es la brecha entre ingresos y egresos del Gobierno antes de los maquillajes y reclasificaciones contables, es de alrededor de $13.000 millones. La mal llamada Ley Humanitaria propone cubrir una brecha de $1.200 millones, o 9 %, del problema. Es, como todas las leyes de Moreno, un parche que de ninguna manera constituye una solución para el problema de la economía ecuatoriana.

Segundo, por enésima vez, ¿qué parte de “no más impuestos” es lo que no entienden los cabeciduros del Gobierno? Para el Ministerio de Finanzas, los $ 800 millones mensuales de la masa salarial son su preocupación por encima de cualquier otra; toda afectación a ese grupo constituye, según el Gobierno, un problema social; si le afecta a cualquier otro ciudadano o región, en cambio, no pasa de ser un problema de estadísticas. Es por ello que no existe atisbo de reducción del tamaño del Estado, frase que aun cuando suene trillada, describe una circunstancia intolerable: el Ecuador no puede sustentar un Estado que, aparte de todos sus defectos congénitos, gasta entre diez y quince puntos porcentuales más del PIB de lo que recibe.

Tercero, la caída de las recaudaciones tributarias a la mitad son el portento de lo que va a pasar en este año. Si las recaudaciones llegan a $10.000 millones será un milagro no declarado. ¿Por qué?, porque las empresas quebradas y los desempleados, a quienes se insiste carguen el peso del pago de la deuda, no tendrán cómo hacerlo.

Cuarto, la eventual creación de una moneda paralela sin respaldo (y si lo hace el Banco Central no tendrá respaldo) será el fin de la dolarización y el comienzo de una estampida inflacionaria para saldar las cuentas del Gobierno. Transferirá la infección a la banca y desembocará en feriado bancario, corralito, incautación de los dólares, centralización de los mismos en el Banco Central y un cercenamiento cabal de la libertad económica. No lo hagan, quedan advertidos.

Quinto, Finanzas, responsable de la crisis que se viene y artífice de la deshonestidad fiscal que impera, no puede tener la autoridad para modificar los aportes a la seguridad social, declarar que las obligaciones no son deuda, o endeudarse en las condiciones que le apetezca al gobierno de turno. El Gobierno pide carta blanca para justificar su mala práctica y transferir su fracaso al próximo que venga. 

Es inquietante tener que contar con la Asamblea para que esta actúe con responsabilidad y conocimiento de causa. Al final del día, es mejor irse a casa que ser síndicos de la liquidación del Ecuador.