Ruptura

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Ruptura

Se vive una crisis mundial. En el Ecuador tenemos graves e irrenunciables obligaciones con el futuro’.

En tiempo de crisis, aconseja Jaime Costales Peñaherrera: “es bueno mirar a los rucus que no han perdido la capacidad de sublevarse, a los viejos dignos que saben dar lecciones de bravura y de civismo, y de genuino amor a la patria y a la libertad”.

Esos viejos habitan en el Ecuador y en el mundo. Por eso cito siempre a Édgar Morin, por eso ahora a Manuel Castells, quien en una publicación de hace cuatro años, titulada como el presente cañonazo, analiza la crisis de la democracia liberal, y en el capítulo Sobre la rebelión de las masas y el colapso de un orden político, incluye la subsección: La Red y el Yo, de donde tomo las líneas que siguen.

“En tiempos de calma, en los que el mercado puede gestionar la economía, y las personas viven y sueñan sin sobresaltos, el orden institucional pervive por rutina. Pero cuando la reproducción automática del sistema (por ejemplo, financiero o de protección social), se ve amenazado por crisis, el reflejo de los ciudadanos es recurrir a las instituciones pagadas y elegidas por ellos, para que los defiendan. Y cuando dichas instituciones no responden a su compromiso de protección de la vida, se pone en cuestión su representatividad y se denuncia su funcionamiento al servicio de intereses y valores de grupo con acceso exclusivo al poder, incluyendo la propia clase política como actor colectivo de lo que se percibe como un gigantesco engaño”.

“En las más de dos décadas transcurridas, desde la publicación de este análisis, la contradicción entre globalización e identidad se ha ido agudizando en el conjunto del mundo. Y las instituciones representativas se han ido cerrando sobre sí mismas y aislándose de sus representados, hasta convertirse en un aparato que vela ante todo, por su propia supervivencia (…)”. “En esa situación de crisis estructural y bloqueo institucional, son los movimientos sociales autónomos, como tantas veces en la historia, los que afloran nuevas formas de acción colectiva, enraizadas en la vivencia de quienes producen, viven, sufren, aman y proyectan en el entramado de la experiencia humana”.

Ciudadanos, unámonos.