Columnas

Protagonismos estériles

Otra actitud no se las perdonará la patria, y la contraria les merecerá respeto.

Hubiese deseado dedicar este cañonazo a homenajear a Juan Montalvo y a los maestros que en la fecha de su natalicio celebran su propio día. Las circunstancias lo hacen imposible. Ahora, con ánimo montalvino, debo censurar el comportamiento infantil de algunas altas figuras de la política nacional que por vocación o coyuntura están ejerciendo dignidades de gran responsabilidad. No quiero dar nombres porque no hace falta y no es mi deseo personalizar comportamientos; además, planteado el tema en genérico, cubre todo un amplio espectro, incluyendo conductas que no conozco.

Es la hora de actuar, pero actuar juntos. El protagonismo en las tragedias queda para los actores de teatro pero no para el ejercicio de la vida pública. El protagonismo, cuando hay gente que agoniza, es para miserables, que llámense cristianos o como quieran, han perdido su condición humana. El mayor mandamiento del cristianismo es el mandamiento nuevo: “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”, y no se está siguiendo ese comportamiento. No son cristianos entonces, aunque se proclamen tales. Son fariseos, sepulcros blanqueados, que están más pendientes de cuántos votos ganan o pierden con cada gesto que le brindan a la Televisión, con cada cosa que le suelten a los diarios.

Así no avanzamos en el combate a la Covid-19, así es imposible sumar esfuerzos, obligatorios o voluntarios. Así nos vamos para el carajo. Si ya es mala la gestión oficial con respecto al combate de la Covid-19, peor resulta si los funcionarios empiezan a disputarse el primer plano cuando deberían proceder con pulcritud y humildad, y de la violación de ambas maneras de proceder hay sospechas y pruebas. Creo que, pese a todo lo que eran mis propósitos, el Ecuador está requiriendo de un buen remezón y dejar entender a quienes así deben comprenderlo, que es obligatorio hacer un esfuerzo para demostrar grandeza. Elévense entonces desde sus pequeñas estaturas y háganse dignos de lo que la coyuntura les ha entregado. Otra actitud no se las perdonará la patria, y la contraria les merecerá respeto.