Un par-lamento

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Un par-lamento

"Actuar para acabar con el secuestro de los malhechores es una obligación patriótica"

Sí. Más allá del juego de palabras, cuando analizamos las funciones del Estado de dos en dos y de par en par, en toda la amplitud de esta última expresión, es decir dejándolo ver todo, las cosas están como para llorar, lamentarse profundamente o, por el contrario, indignarse y actuar en consecuencia.

Yo prefiero optar por esta última actitud y por ello, con un valioso grupo de ecuatorianos hemos creado una Coalición Ética y Política (CEP) que, sin afanes electoralistas, le quiere devolver valores a la vida política, al menos aquellos propios del noble carácter nacional, como la honradez y el patriotismo, hoy secuestrados y reemplazados por códigos mafiosos a partir de los cuales el enriquecimiento ilícito es poco menos que una virtud republicana y el aprovecharse de todo, hasta de la muerte, para hacer negocios, envidiable señal de éxito.

Trágicamente se está cumpliendo en el Ecuador la advertencia de Frederic Bastiat, que todavía circula de vez en cuando en uno que otro trino: “Cuando el saqueo se convierte en el modo de vida de un grupo de hombres en una sociedad, no tardarán en crear un sistema legal que lo autorice y un código legal que lo glorifique”.

La Constitución del 2008 es la insignia legal de ese propósito y graves han sido las consecuencias de así haberlo aceptado.

La degradación moral de la Asamblea Legislativa ha ido a la par que la corrupción del Ejecutivo. Ni hablar de la observable en la administración de justicia. Por supuesto, en todas las funciones del Estado “con las excepciones que justifican la regla”, escasas excepciones, eso sí.

Se dice que más de la mitad de los Asambleístas están vinculados con diversas formas de corrupción. El que no cobra diezmos tiene hospitales a su cargo o diversas otras instituciones del Estado. Pero no para hacerlas brillar con su ética gestión sino para asumirlas como botín, por ser “padres de la patria”.

Obviamente esto no puede continuar. Las próximas elecciones son la oportunidad para impedir que los malhechores copen la Función Legislativa y que quien presida la nación sea digno de ostentar tan honrosa dignidad.