Columnas

El país político y el nacional

Evitemos el estallido social.

Me he acordado en estos días del gran líder colombiano que distinguía en su patria dos países: el país político y el país nacional, y también de las trágicas consecuencias a que ese acertado diagnóstico dio lugar, visibilizado en ríos de sangre luego de su asesinato, violencia que desde entonces, ahora mezclada con el narcotráfico, todavía subsiste.

Siento que en el Ecuador esa misma condición, presente desde hace décadas, ahora está acentuada. Vamos a ir a elecciones presidenciales con un CNE que privilegia el derecho a participar sobre el principio de legalidad, cuyo respeto es imperativo si seguimos deseando ser una república que avanza en su calidad democrática.

Observamos, sin asombro pero con tristeza, cómo se repite la apetecible búsqueda de la adhesión de los delincuentes con votos por parte de candidatos que pregonan una dura lucha contra la corrupción.

No hemos escuchado a ningún candidato reflexionar sobre el riesgo enorme del financiamiento con narcodinero de algunas candidaturas, situación que les permitirá a los mafiosos tomar control sobre nuevos territorios, sabiendo que tenemos un gasto electoral a la libre.

Por el estilo, el país político vive un gran divorcio con el país nacional, que está sufriendo uno de los mayores periodos de angustia cotidiana, con su salud en riesgo, sin empleo, sin seguridad y, lo que es peor, sin certeza de futuro.

Bien haría el país político en tratar de acercarse al país nacional para conocer las reales necesidades del electorado y, analizando con realismo las reales posibilidades de resolverlas, no seguir haciendo promesas fantasiosas, como los miles de empleos o los millones de viviendas, que incrementan la apatía y el desencanto, cuando próximos a elecciones deberíamos tener un ambiente de fiesta cívica. Por suerte, a despecho de la inercia de los partidos y sus dirigentes, es visible una reacción organizada de la sociedad civil, buscando la restauración de la ética, pugnando por la ejemplaridad de los líderes sociales, elaborando propuestas para superar la insoportable situación actual. Evitemos el estallido social.