Manabí, política y seguridad

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Manabí, política y seguridad

En todo caso, Manabí necesita seguridad pero también respeto. Ahora, no queda más que volver a comenzar

El abandono, político y administrativo, hizo de Manabí un bastión electoral de quienes, de muchas maneras, “tomaron en cuenta” a la provincia. A partir de esa situación, la cuna de Alfaro estuvo dispuesta a perdonarlo todo, incluso que se roben el dinero aportado por la república para su reconstrucción, luego del sismo que la sacudió a ella y a Esmeraldas.

No importa que los hospitales no estén terminados, pese al sobreprecio. Al menos sirvieron para construir nuevos partidos políticos.

No importa que la refinería de El Aromo sea un gran monumento al despilfarro, partiendo del precio pagado por los terrenos, su nivelación y un canal que solo conduce a la frustración.

Al menos, en los titulares, estuvo un buen rato en primer plano. Mientras tanto, con o sin alianza político-delincuencial, tanto los terrenos de la potencial refinería, cuanto las carreteras construidas hacia ninguna parte, se constituyeron en pistas para las narcoavionetas conducidas por pilotos invisibles, por tanto imposibles de capturar, tal cual las personas que localmente estaban a cargo de las operaciones. Para colmo, de pronto hasta las avionetas alzaban el vuelo y se fugaban, pese a teóricamente estar custodiadas.

Ahora, algunos de los que constituyeron partidos políticos a la sombra de la corrupción, han sido, lo digo sin sorna, puestos a la sombra. Únicamente falta que se corten las manos, tal cual prometieron en campaña.

Con ese entorno, y sin tomar medidas que eviten la manipulación de los habitantes de Montecristi, tal cual se ha dado, vista la magnitud creciente del narcotráfico, se decidió poner un radar en el emblemático cerro de Montecristi, para desde allí tratar de vigilar y controlar las actividades del narcotráfico.

Muchos ciudadanos han protestado para impedirlo y, por supuesto, desde afuera no se entiende el valor de lo simbólico y las redes se llenan de denuestos. No niego que detrás pueden estar manos mafiosas; con un poco de diálogo previo se hubiese ahorrado el mal rato.

En todo caso, Manabí necesita seguridad pero también respeto. Ahora, no queda más que volver a comenzar.