Columnas

De Manabí, con afecto

Espero haber cumplido con el amigo y la obligación de combatir la corrupción.

Tengo buenos amigos manabitas con quienes cultivo frecuente y refrescante diálogo: me intereso permanentemente por la suerte de la provincia de Alfaro, azotada muy habitualmente por todo tipo de sucesos negativos. Uno de ellos, notable, es la corrupción que embarga a muchas de sus autoridades administrativas o de elección popular, algunas de las cuales continúan con sus actividades delictivas a vista y paciencia de quienes deberían meterlos presos.

En apariencia, en la querida tierra bella cual ninguna, cual ninguna hospitalaria, subsisten prácticas y comportamientos remanentes de los antiguos caciquismos que asolaron esa región del país al igual que otras. Y no me refiero a los precolombinos. Aludo a los caciques republicanos que bajo diversos signos políticos mantuvieron el control hegemónico e impusieron su ley, hasta que el crecimiento democrático los fue dejando fuera de acción y Manabí prosperó.

Ahora, pareciera que se ha producido un retroceso y son algunas las autoridades sobre las que se comenta y no de la mejor manera, aludiendo a los negocios y negociados que realizan amparándose en un poder transitorio que tratan de alargar con la habilidad de relacionarse pronto con el gobierno de turno. 

Un caso, que en carta abierta me ha referido el doctor René de la Torre Reyes, distinguido abogado y político que conocí durante los días que viví en Quito y él era fogoso legislador del grupo que presidía el querido y recordado Julio César Trujillo, rebela la sospecha de otro negociado.

En el último párrafo de su carta abierta, referida a glosas y coactivas en el Concejo Cantonal de Montecristi, desafía y destaca: Las infracciones relatadas las he hecho saber a la Contraloría y Procuraduría General del Estado. Todo está en estudio y todo se disimula. Los prejuicios al GAD de Montecristi sobrepasan los quinientos mil dólares. Si mis afirmaciones están equivocadas no duden en hacérmelo saber, pero si son claras y ciertas, por favor no guardar silencio, no disimular iniquidades que fomentan impunidad.

Espero haber cumplido con el amigo y la obligación de combatir la corrupción.