¡Hay que recuperar la esperanza!

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¡Hay que recuperar la esperanza!

Peor cuando al abrirse la Caja de Pandora se observa que también se han robado la esperanza. Es lo primero que tenemos que recuperar. Juntos, podremos

La pandemia nos encerró en nuestras casas. La asociación política-delincuencial intenta hacer lo mismo. Quiere que el Gobierno fracase en sus planes de reactivar la economía, dejando el camino fácil para el retorno de los que saquearon el tesoro público en una miserablemente desaprovechada época de auge. Busca incentivar una explosión social derivada de la angustia cotidiana. Sin trabajo les significa sin comida a muchas, demasiadas, familias ecuatorianas. Cada día que pasa sin que la economía alcance su antiguo dinamismo crece el hambre y, ya se sabe, el hambre es muy mala consejera. La antigua prédica leninista sigue teniendo plena validez: dadme un pueblo hambriento y yo os daré una revolución. O un pueblo que migra dolorosamente en una diáspora no deseada pero visible, en todos los países del continente. Venezuela es el ejemplo más dramático pero, igual nos duele Nicaragua y otras repúblicas centroamericanas.

Mientras tanto, lo de las cárceles tiene sus propias razones pero también intenta desestabilizar. Hay, sí, una guerra de pandillas disputando territorio pero, es más que eso. La democracia ecuatoriana, que podía haber resultado modélica, es un mal ejemplo a destruir.

Lamentablemente, quienes debían defender la democracia recién renacida, hacen desde el Gobierno, el Parlamento y la Administración de Justicia, todo lo posible por desacreditarla. No pudieron impedir el éxito en la vacunación, entonces fomentan un fracaso en la economía. Lo increíble es que quien más razones otorga para crear un clima adverso es el propio Ejecutivo, que se atrevió a ofrecer un futuro sin impuestos y luego los promueve más abajo que arriba.

La farra de los buenos precios del crudo no la disfrutó el pueblo llano. Ella embriagó a muchos ladrones de cuello blanco y a unas cuantas empresas públicas y privadas, poderosas y corruptas, de diversas nacionalidades. No puede ser que ahora se pretenda que el chuchaqui lo sufra Juan Pueblo. Peor cuando al abrirse la Caja de Pandora se observa que también se han robado la esperanza. Es lo primero que tenemos que recuperar. Juntos, podremos.