
El acuerdo de Ecuador con Estados Unidos, más un efecto de imagen que beneficio
Gobierno saca políticamente el jugo a pacto que lo ubica como aliado del país más poderoso, pero sin ayudas a importantes
El gobierno ecuatoriano ha presentado el acuerdo comercial con los EE. UU., firmado el 13 de marzo, como un triunfo político y diplomático. “Firmamos con Estados Unidos un Acuerdo de Comercio Recíproco que elimina la sobretasa arancelaria que afectaba a los productos ecuatorianos. Este acuerdo beneficia al 53 % de nuestras exportaciones no petroleras, consolida sectores productivos que ya sostienen miles de empleos y abre la puerta para que nuevos productos ecuatorianos lleguen a ese mercado”, decía el presidente el día en que se firmó el acuerdo.
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En efecto, la firma del acuerdo fue presentada como un logro diplomático del Ecuador con la administración de Donald Trump. Con esta firma, el gobierno de Noboa ha tratado de proyectar una imagen de pragmatismo y de alineamiento con el único país dispuesto a ayudar al Ecuador en su tarea de golpear a las mafias del narcotráfico.
En lo que tiene que ver con la comunicación política del gobierno de Noboa, el acuerdo hace pensar que Ecuador se acerca a la órbita de Estados Unidos en un momento en que América Latina está dividida. El mensaje político es que el Ecuador apuesta por Estados Unidos como socio principal y eso, para muchos, es motivo de felicitación.
Un acuerdo sin equilibrio
Sin embargo, lo que se está presentando como una victoria es, en realidad, un tema que puede traerle dolores de cabeza al país. Para comenzar, el acuerdo es transitorio y no es definitivo: tiene una validez de apenas 150 días (hasta julio de este año) y, si la Justicia de Estados Unidos no autoriza su renovación, el Ecuador no habría ganado nada.
A este detalle -nada menor- sobre la temporalidad hay que agregar otro factor clave que muestra que se trata de un acuerdo en el que los EE. UU. son la parte que, comercialmente, mejor parada queda. En efecto, según un estudio de Cordes, el acuerdo no es equilibrado y beneficia más a los Estados Unidos.
Para comenzar -y este dato es particularmente relevante-, el camarón quedó fuera de los sectores más beneficiados, que básicamente son el banano, el cacao y las flores, que reducen sus aranceles al 0 %. El camarón, que actualmente es el principal producto de exportación del Ecuador (ya supera al petróleo), seguirá con una tasa arancelaria del 15 %; es decir, no tuvo ningún beneficio. De acuerdo con el economista Alberto Acosta Burneo, quedan sin beneficio alguno el camarón, el atún procesado y el brócoli, lo que representa el 47 % de la oferta exportable. Es decir, un país que es muchísimo más pobre y con una economía infinitamente más pequeña que la de los Estados Unidos no consigue mayor cosa en términos de justicia comercial.
Las condiciones para el camarón
En cambio, las exportaciones de EE. UU. se benefician más que las ecuatorianas porque, aunque Ecuador obtiene acceso libre de aranceles para muchos de sus productos, las contrapartes exigidas -como la apertura de su mercado a maquinaria y tecnología estadounidense, la protección estricta de la propiedad intelectual y ciertas normativas laborales- generan una competencia desigual para la industria local, que es más pequeña y menos tecnológica que la estadounidense.

Lo del camarón es quizá lo que mejor expresa la falta de equilibrio en el acuerdo, pues se supone que los EE. UU. no deberían poner trabas arancelarias a los productos que no se producen en ese país, como el banano y el camarón, ni a aquellos cuya producción es muy limitada, como en este caso. EE. UU. no es un competidor del Ecuador en la producción de camarón, pero eso hace que la garantía arancelaria de este acuerdo sea aún menos valiosa para Ecuador, ya que Estados Unidos no tiene, en principio, ninguna razón industrial interna para discriminar al camarón ecuatoriano.
Se debe decir que EE. UU. es un gran importador de camarón, pero no un productor significativo. Ecuador es el mayor exportador mundial de camarón. Se trata, en resumen, de un compromiso que no empeora las cosas para el sector camaronero, pero que tampoco las mejora, dicen los expertos.
¿Cuál es la diferencia con lo que se había negociado anteriormente para que el Ecuador y EE. UU. firmaran un Tratado de Libre Comercio (TLC), como el que firmaron Colombia y Perú y del que el Ecuador no participó por decisión del gobierno de Rafael Correa?
En ese caso, si bien el camarón no se liberaba inmediatamente de los aranceles, la idea era que lo hiciera de manera paulatina. Es decir, al menos establecía un horizonte para el sector camaronero en el que el producto hubiera ingresado con claras ventajas frente a otras economías.
En resumen, el gobierno de Noboa le ha sacado políticamente el jugo a un acuerdo que lo ubica como aliado del país más poderoso del mundo, pero que deja por fuera de los beneficios a los sectores más importantes de la economía nacional. ¿Podía haber conseguido algo mejor? Con la actual administración en Washington, eso era, en realidad, casi imposible.
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