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El futuro ya no es lo que era

El recuerdo viene a cuento en razón de que se habla mucho de rehabilitarlo, lo cual está muy bien, a condición de que sea repotenciado en Guayaquil

El futuro en este cañón tiene que ver, sobre todo, con la canción que lo describe como instrumento para matar canallas. Canallas son los seres despreciables por su comportamiento vil. Pero, también, es un esfuerzo por mirar más allá. No con ánimo de prospectiva, la prospección es muy difícil de practicar en países como el nuestro, absolutamente turbulentos, impredecibles; sin embargo, por ello, es imperativo intentar diseñar los escenarios posibles, teniendo bien presente esa hermosa frase del poeta francés Paul Valéry: el futuro ya no es lo que era.

Por lo dicho, recuerdo que el presidente Lasso ha ofrecido en varias ocasiones devolverle el Leopoldo Izquieta Pérez a Guayaquil. Para proceder en consecuencia, lo primero que hay que hacer es derogar el decreto que se lo llevó a Quito, descuartizándolo.

El recuerdo viene a cuento en razón de que se habla mucho de rehabilitarlo, lo cual está muy bien, a condición de que sea repotenciado en Guayaquil. Sin motivaciones regionalistas a las que soy radicalmente ajeno, acá ya sabíamos manejar los temas que le conciernen a una organización de la magnitud del querido INH, que tendrá que seguir siendo Izquieta Pérez aunque tal vez ahora convenga denominarlo Instituto Nacional de Salud, para ponerlo al día con los avances logrados en el campo de la investigación científica.

Habrá también que seleccionar personal con la preparación requerida y adquirir o lograr la donación de equipos que incorporen los desarrollos del siglo XXI e integrar departamentos de investigación de las enfermedades crónicas no transmisibles que no constaban entre sus líneas de estudio.

Como todo eso necesita de recursos frescos y lograrlos requiere del clima de inversión que está por construirse y ese clima más que calma amenaza tormentas, es deseable que pronto: o se llegue a arreglos en función del interés común o se recurra a los mecanismos que la Constitución tiene previstos para salir de los posibles empantanamientos que más que del sectarismo ahora derivan de la necesidad de garantizar la impunidad de algunos “padres de la patria” corruptos.