Columnas

Fin de fiesta anticipado

De momento solo queda por solicitar que se maneje con prudencia el dilema entre cuidar la salud o salir a trabajar para poder comer.

A pesar de la crisis, muchos miembros del actual gobierno, del anterior ni se diga, están dedicados a farrearse lo poco que queda en el presupuesto nacional. Farrearse pero no solo en el estricto sentido de esa palabra sino también en el metafórico entendido como uso delincuencial en beneficio personal. Sé que lo que expreso es artillería pesada pero para eso son estos cañonazos.

Me da la impresión de que lo que ocurre en la desaforada corrupción de estos días es que los funcionarios corruptos de antes y de ahora sienten que se les acaba el tiempo y están forzando tanto las cosas que incluso roban con sobreprecios en las fundas para depositar cadáveres. No me vengan con el cuento de que se trata de un error porque los paquetes tienen dos fundas, porque entonces deberían presentar los kits con cuatro mascarillas con el valor de uno. Lo que ocurre es que aparte de pillos son audaces y creen que nos pueden seguir tomando el pelo indefinidamente. Pero a mí, que uso barba, no me gusta dejar que eso ocurra.

Otro colmo de estos días se da en el sobreprecio de los kits de alimentos. Presumo que más que manipular cifras, ahora se dedican a manipular precios, ¿cuándo va a usar su bisturí, presidente Moreno, para proceder a la cirugía mayor? ¿O es que también ya se lo robaron?

No puede ser que a estas alturas de su gobierno tengamos dudas sobre la calidad de obras fundamentales como Coca-Codo Sinclair, y no sepamos nada para esclarecer las denuncias que al respecto hizo el ex Ministro Pérez. Por el estilo, tampoco sabemos en qué termina la Refinería de Esmeraldas, tantas veces repotenciada en beneficio de los repotenciadores. Sin duda y me da pena, el manejo de la República genera asco, pero pareciera que tendremos que mantener esa fea sensación hasta que el gobierno termine. Mientras tanto, nos vamos a quedar sin tiburones, lamentablemente los del mar y no los que siguen vivitos y coleando en Carondelet y sus alrededores.

De momento solo queda por solicitar que se maneje con prudencia el dilema entre cuidar la salud o salir a trabajar para poder comer.