Columnas

Coronando

'A esta fecha debe estarse haciendo una amplia detección de ciudadanos contaminados con Covid-19; ello permitirá tomar decisiones sobre bases ciertas’.

Así como los pesimistas son negativos en el devenir de las sociedades, igual ocurre con los optimistas ingenuos. Cuidándome de no serlo, mirando cómo se desarrolla la pandemia en el mundo, creo que en algunas partes del planeta estamos coronando. ¿A qué me refiero? En viajes al Carchi, de hace ya cincuenta años y más, por unas carreteras que trepaban montañas, los choferes decían al llegar a los puntos más altos de ellas: “estamos coronando.” Eso no significaba que, de pronto, volviésemos a ascender un tanto, pero luego se entraba en un recorrido plano y después a descender.

Igual va a ocurrir, calculo que en unos quince días, en el Ecuador, y arriesgo mi criterio a sabiendas de que en esta pandemia es el virus el que pone la fecha.

Por supuesto, si nos descuidamos, todo pronóstico positivo se va al piso. Por eso estamos trabajando para conseguir que tratándose de un problema mundial, se asuma una actitud planetaria en su enfrentamiento.

No he visto ni a la OMS ni a la OPS ejerciendo ese rol. Se lo estoy solicitando a los rotarios. Ellos hicieron un formidable trabajo en la lucha contra la poliomelitis y podrían coordinar perfectamente un gran esfuerzo colectivo; en apoyo y sin contradicciones, con las respectivas autoridades de salud en cada país.

Mientras tanto, resulta lamentable la ausencia de la menor noción ética en algunos malandrines que pese a los antecedentes criminales de su gestión pública, insisten en señalar como ineptitud lo que en mucho es producto de la situación en que dejaron al Ecuador. Son absolutamente impúdicos y hay que sancionarlos debidamente, y bien valdría comenzar por los que quedaron en el actual gobierno y continúan haciendo pillerías. Al que le caiga el guante que se lo chante.

En temas más amables, hace gracia el ver cómo le atribuyen al expresidente argentino Macri, la imputación de China en la difusión del coronavirus, en ánimo de destruir la cultura de Occidente. El asunto bordea con el ridículo, pero así estamos: al límite. Por eso dejo dicho al final que no hay que confundir libertad de expresión con insolencia.