Cinco de mayo

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Cinco de mayo

Este mes de mayo tiene que marcar el rumbo por el que caminará el Gobierno los tres años que le quedan por delante’.

este es un día de importante recordación, no solo para los mexicanos. En 1862 se dio la batalla de Puebla. El recuerdo de la lucha por la independencia nacional y la resistencia a los invasores extranjeros, siempre es edificante. Más todavía cuando, quien lo creyera, en Ucrania se está escenificando ahora lo que puede resistir un pueblo cuando es agredido.

Acá vamos a conmemorar doscientos años de la batalla del Pichincha. Fue un esfuerzo que, iniciado en Guayaquil por Olmedo, congregó ejércitos de todo el continente conducidos por Sucre, y contribuyó de manera trascendente a la Independencia de América.

Deberíamos celebrarlo con austeridad y dignamente. Puede ser un gran motivo para consolidar la unidad nacional frente a los nuevos peligros que acechan a la república. Y a propósito, valga dejar planteado que proteger a la nación es una obligación de todos, no solo de la Policía Nacional o de las Fuerzas Armadas.

Por ello el Gobierno debe convocar al conjunto de los ciudadanos, transparentar la realidad de la situación y asignarnos el lugar que nos corresponde.

En todo caso, debemos superar los peligrosos desentendimientos del país político y dar paso a la solución de los problemas del país nacional. Esa distinción, que la planteó Gaitán para su Colombia natal, tiene una potente proyección en el conjunto de nuestros pueblos. Sufrimos una hiperinflación de la política en desmedro de la grandeza que puede emerger de lo político.

Se requiere volver a izar los sentimientos patrióticos a lo más alto que permita su asta. Tal cual lo hicimos recientemente para controlar la pandemia. Con el espíritu de la segunda vuelta, aunque ya no ahora con el mismo entusiasmo, que ojalá pudiésemos recuperar. Insisto en que el 24 de Mayo es una magnífica oportunidad para iniciar un nuevo comienzo. Eso siempre es posible. El pueblo puede volver a ilusionarse si se asume el liderazgo de su conducción con un equipo ministerial al que puedan creérsele las promesas de futuro que nos presente. Medite el presidente y asuma el difícil pero hermoso reto que la historia le ha puesto por delante.